junio 07, 2012

Ecología y humanismo en América Latina

Claudio Massiani/  

1. VISCERALIDAD Y CONVIVENCIA

A la porra con el estrés de los dilemas: la mejor manera de sanear el vibre de las vísceras es la concentración mental en alguna obra, labor o trabajo presente (se trata de la mejor administración del futuro) Los trapitos del pasado empegostan; las primicias del futuro embriagan.

Tan proverbial es el resentimiento de diestros y siniestros, que sólo ven a la economía en su sentido de golosidad mercantilista. Satanizan así la sana actividad de intercambio que los humanos necesitamos realizar cualquiera que sea su especie, o tipo, para avanzar por la existencia. Al fanatismo extremista nada más le interesa el lavado de cerebro ideológico, pues parece entiende por política la pura ideologización catequizante, olvidando que si por algo se puede caracterizar a la gente de la contemporaneidad mundial, es por la creciente conciencia de sus derechos. Y como lo esencialmente valioso de la vida democrática, la diversidad, implica lo único e irrepetible que es cada persona, sin distingos de índole alguna, entonces debemos gracias a la natural providencia. Nos generó digital, facial, espiritual, mental y emocionalmente distintos entre unos y otros (somos básicamente iguales, pero cada quién es único, en medio de la caleidoscópica configuración de la circunstancialidad). 

Y la economía, que no es una mera gestión imperial, ni algún manejo populista, respira por el valor que la libertad empresarial y comercial responsable, de grandes, medianos y pequeños, agregan al universo de productos y servicios. ¿Se comprende la importancia y la maravilla que la diversidad implica para darle a la vida el brillo que la conflictividad planetaria opaca? Hay que ir tanteando la dimensión completa de lo cogestionario, democráticamente, con sudor y sacrificios, lo cual es preferible a que sigamos acumulando tensiones y terminemos por despedazarnos bélicamente, los unos a los otros. Culturalmente aún no lo comprendemos.

Asumamos por lo pronto la condición de clase que encarnemos. Habitamos latitudes del orbe destinadas al florecimiento magnífico de la diversidad. Las superaciones personales tendrán que venir por añadidura, en medio de igualdad de condiciones para el acceso a los servicios sociales a los que todos cotizaremos. ¡Cuidado con imaginar la igualdad cual uniformizaciones imposibles, extemporáneas. Por ejemplo, quien se quiere mantener en su ruralidad, tranquilo sin nerviosismos urbanos, es porque considera que no tiene porque transformarse a juro en un “nuevo rico” citadino, y tener tales o cuales costumbres, ni usar tales o cuales marcas para pertenecer a tales o cuales élites. 

Hay mucho de paranoia, mucho de carrera loca en esto de llegar a un no sé qué que produce un qué se yo, referido a un tal desarrollo y a un tal progreso. ¡A ver si nos calmamos! ¿O estamos condenados a rendirle pleitesía al dilema ser rico o ser pobre?

Se supone que trabajamos y/o estudiamos para mejorar y cambiar las vainas, con el norte de la igualdad y la libertad al frente. Pero imaginar la igualdad como uniformidad social, es permanecer en el nudo del atraso por medio del cual padecemos un tal síndrome del subdesarrollo, tal cual aplastados por un tal imperialismo de los fríos nortes y por cuya culpa estaríamos como estamos, no obstante el lambucismo por las anglotecnocomodidades. A diestra y siniestra. ¿Será porque nacimos clase media, por lo que podemos esgrimir estos criterios y de esta manera? Aunque, nadie se salva de su propia visceralidad, porque de humanos es errar, hay algunos, sin embargo, que la interponen como agente divisor a escalas nacionales. ¿Alguien es "culpable de "nacer en la clase en la cual nació? Y la clase en la cual nació, ¿es intrínsecamente mala, o es intrínsecamente buena? ¡Vamos, la economía es convivencia!

¿Y la política? ¡Qué ridículas las pretensiones de imponer un pensamiento único! ¡Qué ingenuidad el pretender imponerse con tal o con cuál sistema ideológico diestro o siniestro, per secula... o repitiendo mil veces interesadas mentiras. La valentía es luchar contra los enemigos de la felicidad colectiva: de un lado la indiferencia, del otro la opresión. Si entendemos por política la manera de acordar democráticamente el manejo de todo este asunto, para el bien de todos, ¡bienvenido!

La política implica gestionar el modo organizacional y legislativo en medio del cual se desenvuelve la madeja de interrelaciones. Y estas interrelaciones, y todos los otros asuntos (religiosos, artísticos, filosóficos, científicos..., en fin, culturales) equidistan en medio de una red que tejemos; es decir, no necesitan asfixiarse mutuamente siendo subordinable el uno al otro en monolitos totémicos, jerárquicos verticales y unidireccionales, en donde alguien trata de amarrarlo todo. Bolívar por ejemplo, ya pasó, y la manera decente de celebrarlo, o mejor, de homenajearlo, es continuar con lo que supuestamente proyectaba luego de la diatriba emancipadora. El país democrático tiene el reto de hacerlo, pero de manera sustancial y directa., sin ningún sector oprimido por otro. ¿Utópico?

En este mundo cabemos todos, y es más grande que las parcelas atrincheradas o las capitales centralizadoras. Todos vaiveneamos en algún punto del espectro sociopolítico, maniquea y farisaicamente dividido en dos toletes, como si la biología de la realidad no nos presentase un todo integral. Podrá ser inevitable identificar sectores, pero filosófica y científicamente nos devanamos entre razones y sentires, por encontrar la ruta que más corresponda a nuestras capacidades y aptitudes de convivencia. El tercer camino ya viene contenido en el instintivo impulso subsistencial de las contemporáneas generaciones. Teorizarlo mucho es retardar su flujo.

2. EL RETARDO EN DERROTAR LA POBREZA ES UNA MISERIA 

El retardo en derrotar la pobreza es una jungla de miserias reparistas. De reparismo interclase prepotente, que no mide las consecuencias de la generalización satanizante. Un reparismo que contiene, porque le bullen, multitud de preguntas que afloran al consciente colectivo del país, en medio de maniqueísmo y fariseísmo ramplones. ¡Pues a superar la miseria para que de una buena vez comencemos a sentir y a percibir que cogestionamos el bienestar del prójimo!

Apesta la paranoia que colectivamente padecemos gracias a que 46 y tantos años de vapuleada democracia, en algo nos ha despertado la conciencia (esa que permaneció sin ver luz por décadas y décadas entre feroces montoneras, gacha la cerviz ante el gendarme de la cachucha de turno). La padecemos al dudar de si los primeros cuarenta, fueron malucos o supuestamente culpables del retraso social comprendiendo por avance social, a una reducción del número de infelices, y a un ataque frontal a la inmoralidad de los desequilibrios socio-económicos. Y en tal sentido, por ejemplo, si a ti te dicen: tu no produces, entonces mereces menos, pero cuentas con la asistencia que te brinda, en lo mínimo para tu vida, un tal Estado Responsable, entonces la humanización comenzaría a latir. Luchar por los pobres es acabar primero con la miseria de espíritu.

Al carrizo con el estrés de los dilemas: la mejor manera de sanear el vibre de las vísceras es la concentración mental en alguna obra, labor o trabajo presente (se trata de la mejor administración del futuro) Los trapitos del pasado empegostan; las primicias del futuro embriagan.

Por todo ello nos conviene gobernar todos, con base en frentes organizados, que representen a cada sector. No, no, no, no se trata de que nos imaginemos (populistamente) algún mega bochinche de anarquismo. Por lo pronto, esto no es un manifiesto ni la promulgación de algún movimiento, sino la puesta en mesa, humildemente, de cartas que algo aportarán. Se trata de que las utopías son como los soles, que alumbran, dan vida y calor, pero no pueden asirse por su lejanía, ni tocarse porque achicharran. Lo que importa es caminar, ¿no?, en tanto que al caminar se hace camino, y al volver la vista atrás, se ve la senda de viejos miedos que se van disipando...entre ellos el triste miedo a la libertad!

A la pobreza no se la puede derrotar usando algún ismo como bastión, y menos a estas alturas de la historia, habiendo mentes más alertas ante las engañifas colectivistas y/o personalistas del politiquismo. A otros con ese cantar de sirenas obtuso, embadurnado de la pestilente avidez por el poder. A la pobreza no se le podrá derrotar, hasta tanto vayamos aprendiendo a conciliar lo personal y lo colectivo. Malos y buenos los hay a la diestra; malos y buenos los hay a la siniestra.

Ahora vivimos una crisis de valores y referencias, mundialmente expandida: parcialidades enconadamente enfrentadas no aciertan con el valor de meterse en el crisol dialéctico…, y ven como un peligro no sólo a quien no le rinda pleitesía. Por ejemplo, en estos lares venezolanos, a cualquier vestigio de inteligencia pro cultura, a cualquier indicio de eficiencia y de organización empresarial, se le desprecia Estatalmente, dizque porque todo pertenece a una cultura decadente de sifrinos aristócratas burgueses y neoliberales, que debe desaparecer para darle paso a una "nueva", perfilada y creada por la revolución, cayendo así en el obtuso error de deslindarse en esencia y antiecológicamente, de la totalidad humana con sus aciertos y errores, la cual conformamos y hacemos de alguna u otra forma y en mayor o menor grado, TODOS. (con T de todos, y no A de algunos) Así, detrás del aparentemente sensible y solidario propósito de crear unos bloques regionales para enfrentar a otros bloques, subyace el infernal objetivo de dividir y de conflictuar, postergando de esta manera la necesaria construcción de un mundo mejor.

No es ni podrá ser nunca justificable, el que un grupito de encapsulados se imponga sobre la agrupación nacional de habitantes; encapsulados en su visión ideológico política, henchida de recelo visceral y de viscosa humoralidad. Resentidos de izquierda que le surgieron por naturaleza a los engreídos de derecha. Pero las cosas están cambiando, ¿no? Para bien en algunos casos, y para mal en otros.

Habitantes todos de AMERICA LATINA: o pensamos, actuamos y sentimos como seres humanos perfectibles, o nos seguimos artificiando en fragmentaderas ideológicas que tergiversan lo social, lo religioso, lo político, lo económico, para provechos particulares. Y si decimos artificiando, y por encima de idealizaderas obsesas, es porque observamos a dicha patología convivencial, como algo contranatura; como algo contrario al mejoramiento existencial paulatino, derivado por naturaleza, de la inteligencia humana. Sólo la ceguera nacida en la ofuscación del resentido, (y al son de voltearse las tortillas surgen nuevos resentidos) y que en un quítate tú para ponerme yo y disfrutar ahora de las exquisiteces del poder, atropella al prójimo, puede ser capaz de practicar la miserable segregación que aquí cuestionamos. 

El ideal bolivariano de mayor felicidad para todos, yace vapuleado en el piso. O nos seguimos limitando al nocivo celo entre ideólogos de izquierda y derecha, o nos sintonizamos de una buena vez con el torrente mundial que clama por una humanidad libre de prejuicios nacionalistas y de paranoias de identidad. Ya basta coño: la patria es el orbe, más allá de la primera fase (frívola, conocida como globalización) que por lo pronto presenta la mundialización, y la cual está inscrita en el más natural destino existencial del ser humano sobre el planeta. El que hayan peos bélicos por doquier no significa que el hombre esté condenado a la miseria de las violencias per se. Y la mejor manera de autenticar este aserto ante las exigencias de la intelectualidad científico-filosófica que no comparte este optimismo cultural, es seguir existiendo sin perjudicar al entorno.

Que no se trata de que escribamos estas consideraciones desde la comodidad oficinal, sino de que: a ver si comenzamos a responsabilizarnos por el ataque a la infelicidad, proveniente de los extremismos ora diestros, ora siniestros.

El retardo en derrotar la pobreza está lleno de presidencialismo: de manera que la evolución sociopolítica demanda por naturaleza una cogestión gobernativa en bloques federales que den al traste con la gangrena centralista; pesada gangrena que nos impide caminar con pasos adultos por lo que significa existir ya en el siglo XXI. Señores, no es cuento de ilusos. No se trata de exquisiteces pequeño burguesas, ni de barrabasadas revolucionarias. No se trata de una utopía más; se trata de la mundial demanda democrática en grado superlativo. ¿Entiendes, pana? ¿Captas que esto no es una manipulación ideologista, sino una manifestación de la voluntad convivencial que gradualmente se ha venido templando en cada vez más personas? ¿Se capta en entrelíneas que ya no necesitamos peligrosos y violentos izquierdistas y derechistas, ni sosos centristas, sino responsables y valientes y amigables integrales? *

* No confundir con integralismo

El autor es Comunicólogo

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febrero 13, 2012

Lorenzo González Izquierdo

Guillermo Feo Calcaño /

“¿Qué sería de nosotros los poetas sin ustedes los poetas que nos interpretan o tratan de adivinar?” me dijo cierta vez entre trago y trago mi estimado amigo, el bardo venezolano José  Ramón Heredia (1900-1987) del renombrado Grupo Viernes de entonces. Quería expresar el  poeta trujillano una cosa muy sencilla: Que no puede haber belleza, cualquiera que ella sea, sin personas que la asimilaran o consumieran en su espíritu. Lorenzo González Izquierdo, además de gerente de una empresa comercial de la cinematografía, fue toda su vida un consumidor a tiempo completo de la belleza musical, en especial la circunscrita al género operístico. Podría decirse que casi a diario leía, comentaba y escuchaba óperas de todos los estilos, desde los Bell-cantistas (Donizetti, Bellini)  (veristas comunes (Puccini, Mascagni, Massenet) hasta modernos de avanzada como Menotti, sin excluir a clásicos como Mozart, románticos sinfonistas como Wagner, Verdi único, Beethoven, y expresionistas como EL Alban Berg de “Lulú”.

Como todo operómano que se aprecie a sí mismo, la Voz humana constituyó su instrumento preferido. Las admiraba o conocía todas. Uno mencionaba, por ejemplo a Kozlovsky (1900-1993) y al punto sabía que se trataba del Caruso ruso a quien Stalin jamás permitió salir del territorio patrio. Últimamente conocía y se deleitaba con los mejores intérpretes japoneses de todas las tesituras.  Y la colección de discos, casetes y DVD que llegó a acumular es tal vez de las más versátiles del país.

En su trabajo diario con la rutina comercial cinematográfica González Izquierdo tuvo la enorme satisfacción de ser Productor Ejecutivo -asistido por los especialistas venezolanos Luís Armando Roche y Orlando Rivas- de la primera película sobre Bolívar, rodada completamente en Venezuela en 1969 por una coproducción hispano-italiana: La Epopeya de Bolívar (simplemente “Bolívar” para Europa. El Director del film fue el reputado Alejandro Blasetti. Y el Libertador fue interpretado por el gran actor austríaco Maximilian Schell; Manuelita Sanz estuvo a cargo de la hermosa actriz italiana Rosanna Schaffino. Fue una superproducción en cinemascope y en colores, con un sorpresivo final moderno alusivo a la Libertad de los pueblos. El compositor venezolano Aldemaro Romero aportó un bellísimo tema musical a determinadas escenas del film.

Merece destacar aquí la personalidad artística de Maximilian Schell como actor- Hizo más de noventa y dos películas entre Estados Unidos y Europa. Ganó un merecido Oscar en Hollywood por su interpretación del abogado defensor en El Juicio de Núremberg, al lado del célebre Spencer Tracy como Juez del Tribunal Militar Internacional; y Marlene Dietrich como personaje secundario. Fue Schaell, además, escritor, director y productor; e interpretó Hamlet en alemán.

Pero fue la Ópera alrededor de la cual giró la vida emocional, artística, de Lorenzo González Izquierdo. La sentía como parte integral de su existencia. La sentía hondo dentro de sí. No pocas veces en nuestras “tenidas” sabatinas en su amable hogar, en esos instantes en que la música alcanza las alturas insondables de la más pura poesía, vi humedecerse sus ojos, como en un silencioso homenaje de respeto y admiración.
 
¡Se nos fue Lórenz, amigos! Así lo llamábamos: Lórenz. Cerró sus ojos y partió en un prudente silencio acorde con su carácter apacible. ¡Aquel hombracho, de pecho erguido, cabello ya blanco, porte de magnate empresarial y alma de niño grande, bueno y caballeroso!

El autor es colunista político y crítico de arte

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enero 23, 2012

Un templo a Shakespeare


Guillermo Feo Calcaño /


Tal vez muchas personas piensan que por ser la primera superpotencia del mundo, los Estados Unidos de Norteamérica es un país egocéntrico, que no sabe mirar hacia afuera para enterarse de lo que son y han sido las demás naciones de la tierra, en especial en lo que concierne a la cultura y las artes. Nada más erróneo. En colegios, universidades, bibliotecas y museos estadounidenses encontramos testimonio del interés y la admiración que la patria de Washington, Lincoln y Jefferson siente por la antigüedad de sus semejantes en otros continentes.

En primer lugar, los Estados Unidos saben reconocer lo  bueno y lo malo que heredaron de sus antepasados y del mundo exterior en su conjunto; de Europa, especialmente de Gran Bretaña, España y Francia. Igualmente reverencian la antigua historia  de la creación humana.

Una muestra suelta de esto último es, por ejemplo, la hermosa réplica a real escala del Partenón griego (447-438 a.C.) levantada en 1920 y expuesta al público en 1931 en Nashville, Tennessee, para conmemorar el centenario de la incorporación de ese Estado a la Unión Norteamericana. El edificio contiene, por supuesto, una gran estatua de la diosa Atenea, aunque  no de marfil y oro como la original de la Atenas de Pericles.

Otro magnífico exponente de lo señalado es el templo (por así llamarlo) dedicado a la historia y la literatura universal, y en especial a William Shakespeare, construido en pleno centro de Washington, D.C. en 1930 por el señor Henry Clay Folguer y su esposa Emily Clara Folguer, conocido como The Folguer Library. Sería demasiado extenso pormenorizar acerca del gradual desarrollo de esta Fundación, su arquitectura y embellecimiento en medio de las edificaciones alrededor del cercano Capitolio y la grandiosa Librería del Congreso. Nos limitaremos a una reseña superficial de los departamentos y áreas especiales que conocimos en nuestra programada visita al lugar entre 1956-1957.

A la inmensa cantidad de libros y material concerniente a la época de Shakespeare, la Fundación se enriqueció con la compra de una magnifica colección de libros de los siglos dieciséis y diecisiete relativos a casi todos los aspectos de la vida del hombre sobre la Tierra. La Sala de Lectura para estudiantes altamente calificados se halla conformada al estilo típico del período Tudor o Stuart, con algunas modificaciones. El interior de la Galería de Exhibición  sugiere un hall al estilo Isabelino, en el cual se exponen algunos de los tesoros de la Librería: viejas pinturas al oleo, diseños, programas de dramas y objetos de arte.

Detrás de la Galería se puede ver el Teatro, una aproximación a las características comunes de un teatro en la época de Shakespeare. La primera producción de este teatro fue con Julio César, en 1948, de acuerdo a las convenciones originales de los tiempos del dramaturgo. Desde entonces hasta su actual temporada 2010-2011- se han presentado dramas y comedias de Shakespeare, alternadas con obras de célebres autores antiguos y modernos.

En el terreno educacional, la Librería cumple una labor tan extensa y variada que merecería un espacio aparte de estos comentarios. Comprende un Plan de Lecciones especiales, el cual incluye a profesores y estudiantes por igual, y abarca el análisis específico de los argumentos, escenas, temas, personajes y otros tópicos de las obras del dramaturgo, extendido en ocasiones hasta sus numerosos y polémicos poemas.
Pero el corazón, la verdadera joya, y si se quiere el mismo origen de la Librería Folguer lo constituyen las enormes colecciones de libros de la civilización inglesa, correspondientes a los siglos dieciséis y diecisiete, desde la invención de la imprenta hasta mediados del siglo diecisiete.

Ninguna librería en el mundo posee una colección de los trabajos de Shakespeare como la de la Librería Folguer en Washington, D.C. Entre ellos se encuentran setenta y nueva volúmenes de la primera edición de las obras dramáticas completas del autor, (record mundial) conocidas como el Primer Folio, publicado en 1623, a sólo siete años de la muerte  del poeta dramáticot  en 1616.

Poco más o menos relacionada con The Folguer Library, encontramos a la Shakespeare Asociación de América, Inc. (SAA) editora del Boletín trimestral The Shakespeare Quarterly dedicada al estudio de las obras del dramaturgo y sus poemas, el medio en cual vivió, los personajes que interpretó. En un mapa especial del territorio de los Estados Unidos se nos señalan los estados de la Unión en los que anualmente se efectúan Festivales conmemorativos a la muerte en Strafford del “Dulce Cisne del Avón”.

El autor es crítico de teatro.

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