junio 07, 2012
Ecología y humanismo en América Latina
Posted on 2:36 a. m. by Forum Venezuela
Claudio Massiani/
1. VISCERALIDAD Y CONVIVENCIA
A la porra con el estrés de los dilemas: la mejor manera de sanear el vibre de las vísceras es la concentración mental en alguna obra, labor o trabajo presente (se trata de la mejor administración del futuro) Los trapitos del pasado empegostan; las primicias del futuro embriagan.
Tan proverbial es el resentimiento de diestros y siniestros, que sólo ven a la economía en su sentido de golosidad mercantilista. Satanizan así la sana actividad de intercambio que los humanos necesitamos realizar cualquiera que sea su especie, o tipo, para avanzar por la existencia. Al fanatismo extremista nada más le interesa el lavado de cerebro ideológico, pues parece entiende por política la pura ideologización catequizante, olvidando que si por algo se puede caracterizar a la gente de la contemporaneidad mundial, es por la creciente conciencia de sus derechos. Y como lo esencialmente valioso de la vida democrática, la diversidad, implica lo único e irrepetible que es cada persona, sin distingos de índole alguna, entonces debemos gracias a la natural providencia. Nos generó digital, facial, espiritual, mental y emocionalmente distintos entre unos y otros (somos básicamente iguales, pero cada quién es único, en medio de la caleidoscópica configuración de la circunstancialidad).
1. VISCERALIDAD Y CONVIVENCIA
A la porra con el estrés de los dilemas: la mejor manera de sanear el vibre de las vísceras es la concentración mental en alguna obra, labor o trabajo presente (se trata de la mejor administración del futuro) Los trapitos del pasado empegostan; las primicias del futuro embriagan.
Tan proverbial es el resentimiento de diestros y siniestros, que sólo ven a la economía en su sentido de golosidad mercantilista. Satanizan así la sana actividad de intercambio que los humanos necesitamos realizar cualquiera que sea su especie, o tipo, para avanzar por la existencia. Al fanatismo extremista nada más le interesa el lavado de cerebro ideológico, pues parece entiende por política la pura ideologización catequizante, olvidando que si por algo se puede caracterizar a la gente de la contemporaneidad mundial, es por la creciente conciencia de sus derechos. Y como lo esencialmente valioso de la vida democrática, la diversidad, implica lo único e irrepetible que es cada persona, sin distingos de índole alguna, entonces debemos gracias a la natural providencia. Nos generó digital, facial, espiritual, mental y emocionalmente distintos entre unos y otros (somos básicamente iguales, pero cada quién es único, en medio de la caleidoscópica configuración de la circunstancialidad).
Y la economía,
que no es una mera gestión imperial, ni algún manejo populista, respira
por el valor que la libertad empresarial y comercial responsable, de
grandes, medianos y pequeños, agregan al universo de productos y
servicios. ¿Se comprende la importancia y la maravilla que la diversidad
implica para darle a la vida el brillo que la conflictividad planetaria
opaca? Hay que ir tanteando la dimensión completa de lo cogestionario,
democráticamente, con sudor y sacrificios, lo cual es preferible a que
sigamos acumulando tensiones y terminemos por despedazarnos bélicamente,
los unos a los otros. Culturalmente aún no lo comprendemos.
Asumamos por lo pronto la condición de clase que encarnemos. Habitamos latitudes del orbe destinadas al florecimiento magnífico de la diversidad. Las superaciones personales tendrán que venir por añadidura, en medio de igualdad de condiciones para el acceso a los servicios sociales a los que todos cotizaremos. ¡Cuidado con imaginar la igualdad cual uniformizaciones imposibles, extemporáneas. Por ejemplo, quien se quiere mantener en su ruralidad, tranquilo sin nerviosismos urbanos, es porque considera que no tiene porque transformarse a juro en un “nuevo rico” citadino, y tener tales o cuales costumbres, ni usar tales o cuales marcas para pertenecer a tales o cuales élites.
Hay mucho de
paranoia, mucho de carrera loca en esto de llegar a un no sé qué que
produce un qué se yo, referido a un tal desarrollo y a un tal progreso.
¡A ver si nos calmamos! ¿O estamos condenados a rendirle pleitesía al
dilema ser rico o ser pobre?
Se supone que trabajamos y/o estudiamos para mejorar y cambiar las
vainas, con el norte de la igualdad y la libertad al frente. Pero
imaginar la igualdad como uniformidad social, es permanecer en el nudo
del atraso por medio del cual padecemos un tal síndrome del
subdesarrollo, tal cual aplastados por un tal imperialismo de los fríos
nortes y por cuya culpa estaríamos como estamos, no obstante el
lambucismo por las anglotecnocomodidades. A diestra y siniestra. ¿Será
porque nacimos clase media, por lo que podemos esgrimir estos criterios y
de esta manera? Aunque, nadie se salva de su propia visceralidad,
porque de humanos es errar, hay algunos, sin embargo, que la interponen
como agente divisor a escalas nacionales. ¿Alguien es "culpable de
"nacer en la clase en la cual nació? Y la clase en la cual nació, ¿es
intrínsecamente mala, o es intrínsecamente buena? ¡Vamos, la economía es
convivencia!
¿Y la política? ¡Qué ridículas las pretensiones de imponer un pensamiento único! ¡Qué
ingenuidad el pretender imponerse con tal o con cuál sistema ideológico
diestro o siniestro, per secula... o repitiendo mil veces interesadas
mentiras. La valentía es luchar contra los enemigos de la felicidad
colectiva: de un lado la indiferencia, del otro la opresión. Si
entendemos por política la manera de acordar democráticamente el manejo
de todo este asunto, para el bien de todos, ¡bienvenido!
La política implica gestionar el modo organizacional y legislativo en
medio del cual se desenvuelve la madeja de interrelaciones. Y estas
interrelaciones, y todos los otros asuntos (religiosos, artísticos,
filosóficos, científicos..., en fin, culturales) equidistan en medio de
una red que tejemos; es decir, no necesitan asfixiarse mutuamente siendo
subordinable el uno al otro en monolitos totémicos, jerárquicos
verticales y unidireccionales, en donde alguien trata de amarrarlo todo.
Bolívar por ejemplo, ya pasó, y la manera decente de celebrarlo, o
mejor, de homenajearlo, es continuar con lo que supuestamente proyectaba
luego de la diatriba emancipadora. El país democrático tiene el reto de
hacerlo, pero de manera sustancial y directa., sin ningún sector
oprimido por otro. ¿Utópico?
En este mundo cabemos todos, y es más grande que las parcelas
atrincheradas o las capitales centralizadoras. Todos vaiveneamos en
algún punto del espectro sociopolítico, maniquea y farisaicamente
dividido en dos toletes, como si la biología de la realidad no nos
presentase un todo integral. Podrá ser inevitable identificar sectores,
pero filosófica y científicamente nos devanamos entre razones y
sentires, por encontrar la ruta que más corresponda a nuestras
capacidades y aptitudes de convivencia. El tercer camino ya viene
contenido en el instintivo impulso subsistencial de las contemporáneas
generaciones. Teorizarlo mucho es retardar su flujo.
2. EL RETARDO EN DERROTAR LA POBREZA ES UNA MISERIA
2. EL RETARDO EN DERROTAR LA POBREZA ES UNA MISERIA
El retardo en derrotar la pobreza es una jungla de miserias reparistas. De reparismo interclase prepotente, que no mide las consecuencias de la generalización satanizante. Un reparismo que contiene, porque le bullen, multitud de preguntas que afloran al consciente colectivo del país, en medio de maniqueísmo y fariseísmo ramplones. ¡Pues a superar la miseria para que de una buena vez comencemos a sentir y a percibir que cogestionamos el bienestar del prójimo!
Apesta la paranoia que colectivamente padecemos gracias a que 46 y
tantos años de vapuleada democracia, en algo nos ha despertado la
conciencia (esa que permaneció sin ver luz por décadas y décadas entre
feroces montoneras, gacha la cerviz ante el gendarme de la cachucha de
turno). La padecemos al dudar de si los primeros cuarenta, fueron
malucos o supuestamente culpables del retraso social comprendiendo por
avance social, a una reducción del número de infelices, y a un ataque
frontal a la inmoralidad de los desequilibrios socio-económicos. Y en
tal sentido, por ejemplo, si a ti te dicen: tu no produces, entonces
mereces menos, pero cuentas con la asistencia que te brinda, en lo
mínimo para tu vida, un tal Estado Responsable, entonces la humanización
comenzaría a latir. Luchar por los pobres es acabar primero con la
miseria de espíritu.
Al carrizo con el estrés de los dilemas: la mejor manera de sanear el
vibre de las vísceras es la concentración mental en alguna obra, labor o
trabajo presente (se trata de la mejor administración del futuro) Los
trapitos del pasado empegostan; las primicias del futuro embriagan.
Por todo ello nos conviene gobernar todos, con base en frentes
organizados, que representen a cada sector. No, no, no, no se trata de
que nos imaginemos (populistamente) algún mega bochinche de anarquismo.
Por lo pronto, esto no es un manifiesto ni la promulgación de algún
movimiento, sino la puesta en mesa, humildemente, de cartas que algo
aportarán. Se trata de que las utopías son como los soles, que alumbran,
dan vida y calor, pero no pueden asirse por su lejanía, ni tocarse
porque achicharran. Lo que importa es caminar, ¿no?, en tanto que al
caminar se hace camino, y al volver la vista atrás, se ve la senda de
viejos miedos que se van disipando...entre ellos el triste miedo a la
libertad!
A la pobreza no se la puede derrotar usando algún ismo como bastión, y
menos a estas alturas de la historia, habiendo mentes más alertas ante
las engañifas colectivistas y/o personalistas del politiquismo. A otros
con ese cantar de sirenas obtuso, embadurnado de la pestilente avidez
por el poder. A la pobreza no se le podrá derrotar, hasta tanto vayamos
aprendiendo a conciliar lo personal y lo colectivo. Malos y buenos los
hay a la diestra; malos y buenos los hay a la siniestra.
Ahora vivimos una crisis de valores y referencias, mundialmente
expandida: parcialidades enconadamente enfrentadas no aciertan con el
valor de meterse en el crisol dialéctico…, y ven como un peligro no sólo
a quien no le rinda pleitesía. Por ejemplo, en estos lares venezolanos,
a cualquier vestigio de inteligencia pro cultura, a cualquier indicio
de eficiencia y de organización empresarial, se le desprecia
Estatalmente, dizque porque todo pertenece a una cultura decadente de
sifrinos aristócratas burgueses y neoliberales, que debe desaparecer
para darle paso a una "nueva", perfilada y creada por la revolución,
cayendo así en el obtuso error de deslindarse en esencia y
antiecológicamente, de la totalidad humana con sus aciertos y errores,
la cual conformamos y hacemos de alguna u otra forma y en mayor o menor
grado, TODOS. (con T de todos, y no A de algunos) Así, detrás del
aparentemente sensible y solidario propósito de crear unos bloques
regionales para enfrentar a otros bloques, subyace el infernal objetivo
de dividir y de conflictuar, postergando de esta manera la necesaria
construcción de un mundo mejor.
No es ni podrá ser nunca justificable, el que un grupito de encapsulados
se imponga sobre la agrupación nacional de habitantes; encapsulados en
su visión ideológico política, henchida de recelo visceral y de viscosa
humoralidad. Resentidos de izquierda que le surgieron por naturaleza a
los engreídos de derecha. Pero las cosas están cambiando, ¿no? Para bien
en algunos casos, y para mal en otros.
Habitantes todos de AMERICA LATINA: o pensamos, actuamos y sentimos como
seres humanos perfectibles, o nos seguimos artificiando en
fragmentaderas ideológicas que tergiversan lo social, lo religioso, lo
político, lo económico, para provechos particulares. Y si decimos
artificiando, y por encima de idealizaderas obsesas, es porque
observamos a dicha patología convivencial, como algo contranatura; como
algo contrario al mejoramiento existencial paulatino, derivado por
naturaleza, de la inteligencia humana. Sólo la ceguera nacida en la
ofuscación del resentido, (y al son de voltearse las tortillas surgen
nuevos resentidos) y que en un quítate tú para ponerme yo y disfrutar
ahora de las exquisiteces del poder, atropella al prójimo, puede ser
capaz de practicar la miserable segregación que aquí cuestionamos.
El
ideal bolivariano de mayor felicidad para todos, yace vapuleado en el
piso. O nos seguimos limitando al nocivo celo entre ideólogos de
izquierda y derecha, o nos sintonizamos de una buena vez con el torrente mundial que clama por una humanidad libre de prejuicios nacionalistas y de paranoias de identidad. Ya basta coño: la patria es el orbe, más
allá de la primera fase (frívola, conocida como globalización) que por
lo pronto presenta la mundialización, y la cual está inscrita en el más
natural destino existencial del ser humano sobre el planeta. El que
hayan peos bélicos por doquier no significa que el hombre esté condenado a la miseria de las violencias per se. Y la mejor manera de autenticar
este aserto ante las exigencias de la intelectualidad
científico-filosófica que no comparte este optimismo cultural, es seguir
existiendo sin perjudicar al entorno.
Que no se trata de que escribamos estas consideraciones desde la
comodidad oficinal, sino de que: a ver si comenzamos a
responsabilizarnos por el ataque a la infelicidad, proveniente de los
extremismos ora diestros, ora siniestros.
El retardo en derrotar la pobreza está lleno de presidencialismo: de
manera que la evolución sociopolítica demanda por naturaleza una
cogestión gobernativa en bloques federales que den al traste con la
gangrena centralista; pesada gangrena que nos impide caminar con pasos
adultos por lo que significa existir ya en el siglo XXI. Señores, no es
cuento de ilusos. No se trata de exquisiteces pequeño burguesas, ni de
barrabasadas revolucionarias. No se trata de una utopía más; se trata de
la mundial demanda democrática en grado superlativo. ¿Entiendes, pana?
¿Captas que esto no es una manipulación ideologista, sino una
manifestación de la voluntad convivencial que gradualmente se ha venido
templando en cada vez más personas? ¿Se capta en entrelíneas que ya no
necesitamos peligrosos y violentos izquierdistas y derechistas, ni sosos
centristas, sino responsables y valientes y amigables integrales? *
* No confundir con integralismo
El autor es Comunicólogo
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