junio 07, 2012

Ecología y humanismo en América Latina

Claudio Massiani/  

1. VISCERALIDAD Y CONVIVENCIA

A la porra con el estrés de los dilemas: la mejor manera de sanear el vibre de las vísceras es la concentración mental en alguna obra, labor o trabajo presente (se trata de la mejor administración del futuro) Los trapitos del pasado empegostan; las primicias del futuro embriagan.

Tan proverbial es el resentimiento de diestros y siniestros, que sólo ven a la economía en su sentido de golosidad mercantilista. Satanizan así la sana actividad de intercambio que los humanos necesitamos realizar cualquiera que sea su especie, o tipo, para avanzar por la existencia. Al fanatismo extremista nada más le interesa el lavado de cerebro ideológico, pues parece entiende por política la pura ideologización catequizante, olvidando que si por algo se puede caracterizar a la gente de la contemporaneidad mundial, es por la creciente conciencia de sus derechos. Y como lo esencialmente valioso de la vida democrática, la diversidad, implica lo único e irrepetible que es cada persona, sin distingos de índole alguna, entonces debemos gracias a la natural providencia. Nos generó digital, facial, espiritual, mental y emocionalmente distintos entre unos y otros (somos básicamente iguales, pero cada quién es único, en medio de la caleidoscópica configuración de la circunstancialidad). 

Y la economía, que no es una mera gestión imperial, ni algún manejo populista, respira por el valor que la libertad empresarial y comercial responsable, de grandes, medianos y pequeños, agregan al universo de productos y servicios. ¿Se comprende la importancia y la maravilla que la diversidad implica para darle a la vida el brillo que la conflictividad planetaria opaca? Hay que ir tanteando la dimensión completa de lo cogestionario, democráticamente, con sudor y sacrificios, lo cual es preferible a que sigamos acumulando tensiones y terminemos por despedazarnos bélicamente, los unos a los otros. Culturalmente aún no lo comprendemos.

Asumamos por lo pronto la condición de clase que encarnemos. Habitamos latitudes del orbe destinadas al florecimiento magnífico de la diversidad. Las superaciones personales tendrán que venir por añadidura, en medio de igualdad de condiciones para el acceso a los servicios sociales a los que todos cotizaremos. ¡Cuidado con imaginar la igualdad cual uniformizaciones imposibles, extemporáneas. Por ejemplo, quien se quiere mantener en su ruralidad, tranquilo sin nerviosismos urbanos, es porque considera que no tiene porque transformarse a juro en un “nuevo rico” citadino, y tener tales o cuales costumbres, ni usar tales o cuales marcas para pertenecer a tales o cuales élites. 

Hay mucho de paranoia, mucho de carrera loca en esto de llegar a un no sé qué que produce un qué se yo, referido a un tal desarrollo y a un tal progreso. ¡A ver si nos calmamos! ¿O estamos condenados a rendirle pleitesía al dilema ser rico o ser pobre?

Se supone que trabajamos y/o estudiamos para mejorar y cambiar las vainas, con el norte de la igualdad y la libertad al frente. Pero imaginar la igualdad como uniformidad social, es permanecer en el nudo del atraso por medio del cual padecemos un tal síndrome del subdesarrollo, tal cual aplastados por un tal imperialismo de los fríos nortes y por cuya culpa estaríamos como estamos, no obstante el lambucismo por las anglotecnocomodidades. A diestra y siniestra. ¿Será porque nacimos clase media, por lo que podemos esgrimir estos criterios y de esta manera? Aunque, nadie se salva de su propia visceralidad, porque de humanos es errar, hay algunos, sin embargo, que la interponen como agente divisor a escalas nacionales. ¿Alguien es "culpable de "nacer en la clase en la cual nació? Y la clase en la cual nació, ¿es intrínsecamente mala, o es intrínsecamente buena? ¡Vamos, la economía es convivencia!

¿Y la política? ¡Qué ridículas las pretensiones de imponer un pensamiento único! ¡Qué ingenuidad el pretender imponerse con tal o con cuál sistema ideológico diestro o siniestro, per secula... o repitiendo mil veces interesadas mentiras. La valentía es luchar contra los enemigos de la felicidad colectiva: de un lado la indiferencia, del otro la opresión. Si entendemos por política la manera de acordar democráticamente el manejo de todo este asunto, para el bien de todos, ¡bienvenido!

La política implica gestionar el modo organizacional y legislativo en medio del cual se desenvuelve la madeja de interrelaciones. Y estas interrelaciones, y todos los otros asuntos (religiosos, artísticos, filosóficos, científicos..., en fin, culturales) equidistan en medio de una red que tejemos; es decir, no necesitan asfixiarse mutuamente siendo subordinable el uno al otro en monolitos totémicos, jerárquicos verticales y unidireccionales, en donde alguien trata de amarrarlo todo. Bolívar por ejemplo, ya pasó, y la manera decente de celebrarlo, o mejor, de homenajearlo, es continuar con lo que supuestamente proyectaba luego de la diatriba emancipadora. El país democrático tiene el reto de hacerlo, pero de manera sustancial y directa., sin ningún sector oprimido por otro. ¿Utópico?

En este mundo cabemos todos, y es más grande que las parcelas atrincheradas o las capitales centralizadoras. Todos vaiveneamos en algún punto del espectro sociopolítico, maniquea y farisaicamente dividido en dos toletes, como si la biología de la realidad no nos presentase un todo integral. Podrá ser inevitable identificar sectores, pero filosófica y científicamente nos devanamos entre razones y sentires, por encontrar la ruta que más corresponda a nuestras capacidades y aptitudes de convivencia. El tercer camino ya viene contenido en el instintivo impulso subsistencial de las contemporáneas generaciones. Teorizarlo mucho es retardar su flujo.

2. EL RETARDO EN DERROTAR LA POBREZA ES UNA MISERIA 

El retardo en derrotar la pobreza es una jungla de miserias reparistas. De reparismo interclase prepotente, que no mide las consecuencias de la generalización satanizante. Un reparismo que contiene, porque le bullen, multitud de preguntas que afloran al consciente colectivo del país, en medio de maniqueísmo y fariseísmo ramplones. ¡Pues a superar la miseria para que de una buena vez comencemos a sentir y a percibir que cogestionamos el bienestar del prójimo!

Apesta la paranoia que colectivamente padecemos gracias a que 46 y tantos años de vapuleada democracia, en algo nos ha despertado la conciencia (esa que permaneció sin ver luz por décadas y décadas entre feroces montoneras, gacha la cerviz ante el gendarme de la cachucha de turno). La padecemos al dudar de si los primeros cuarenta, fueron malucos o supuestamente culpables del retraso social comprendiendo por avance social, a una reducción del número de infelices, y a un ataque frontal a la inmoralidad de los desequilibrios socio-económicos. Y en tal sentido, por ejemplo, si a ti te dicen: tu no produces, entonces mereces menos, pero cuentas con la asistencia que te brinda, en lo mínimo para tu vida, un tal Estado Responsable, entonces la humanización comenzaría a latir. Luchar por los pobres es acabar primero con la miseria de espíritu.

Al carrizo con el estrés de los dilemas: la mejor manera de sanear el vibre de las vísceras es la concentración mental en alguna obra, labor o trabajo presente (se trata de la mejor administración del futuro) Los trapitos del pasado empegostan; las primicias del futuro embriagan.

Por todo ello nos conviene gobernar todos, con base en frentes organizados, que representen a cada sector. No, no, no, no se trata de que nos imaginemos (populistamente) algún mega bochinche de anarquismo. Por lo pronto, esto no es un manifiesto ni la promulgación de algún movimiento, sino la puesta en mesa, humildemente, de cartas que algo aportarán. Se trata de que las utopías son como los soles, que alumbran, dan vida y calor, pero no pueden asirse por su lejanía, ni tocarse porque achicharran. Lo que importa es caminar, ¿no?, en tanto que al caminar se hace camino, y al volver la vista atrás, se ve la senda de viejos miedos que se van disipando...entre ellos el triste miedo a la libertad!

A la pobreza no se la puede derrotar usando algún ismo como bastión, y menos a estas alturas de la historia, habiendo mentes más alertas ante las engañifas colectivistas y/o personalistas del politiquismo. A otros con ese cantar de sirenas obtuso, embadurnado de la pestilente avidez por el poder. A la pobreza no se le podrá derrotar, hasta tanto vayamos aprendiendo a conciliar lo personal y lo colectivo. Malos y buenos los hay a la diestra; malos y buenos los hay a la siniestra.

Ahora vivimos una crisis de valores y referencias, mundialmente expandida: parcialidades enconadamente enfrentadas no aciertan con el valor de meterse en el crisol dialéctico…, y ven como un peligro no sólo a quien no le rinda pleitesía. Por ejemplo, en estos lares venezolanos, a cualquier vestigio de inteligencia pro cultura, a cualquier indicio de eficiencia y de organización empresarial, se le desprecia Estatalmente, dizque porque todo pertenece a una cultura decadente de sifrinos aristócratas burgueses y neoliberales, que debe desaparecer para darle paso a una "nueva", perfilada y creada por la revolución, cayendo así en el obtuso error de deslindarse en esencia y antiecológicamente, de la totalidad humana con sus aciertos y errores, la cual conformamos y hacemos de alguna u otra forma y en mayor o menor grado, TODOS. (con T de todos, y no A de algunos) Así, detrás del aparentemente sensible y solidario propósito de crear unos bloques regionales para enfrentar a otros bloques, subyace el infernal objetivo de dividir y de conflictuar, postergando de esta manera la necesaria construcción de un mundo mejor.

No es ni podrá ser nunca justificable, el que un grupito de encapsulados se imponga sobre la agrupación nacional de habitantes; encapsulados en su visión ideológico política, henchida de recelo visceral y de viscosa humoralidad. Resentidos de izquierda que le surgieron por naturaleza a los engreídos de derecha. Pero las cosas están cambiando, ¿no? Para bien en algunos casos, y para mal en otros.

Habitantes todos de AMERICA LATINA: o pensamos, actuamos y sentimos como seres humanos perfectibles, o nos seguimos artificiando en fragmentaderas ideológicas que tergiversan lo social, lo religioso, lo político, lo económico, para provechos particulares. Y si decimos artificiando, y por encima de idealizaderas obsesas, es porque observamos a dicha patología convivencial, como algo contranatura; como algo contrario al mejoramiento existencial paulatino, derivado por naturaleza, de la inteligencia humana. Sólo la ceguera nacida en la ofuscación del resentido, (y al son de voltearse las tortillas surgen nuevos resentidos) y que en un quítate tú para ponerme yo y disfrutar ahora de las exquisiteces del poder, atropella al prójimo, puede ser capaz de practicar la miserable segregación que aquí cuestionamos. 

El ideal bolivariano de mayor felicidad para todos, yace vapuleado en el piso. O nos seguimos limitando al nocivo celo entre ideólogos de izquierda y derecha, o nos sintonizamos de una buena vez con el torrente mundial que clama por una humanidad libre de prejuicios nacionalistas y de paranoias de identidad. Ya basta coño: la patria es el orbe, más allá de la primera fase (frívola, conocida como globalización) que por lo pronto presenta la mundialización, y la cual está inscrita en el más natural destino existencial del ser humano sobre el planeta. El que hayan peos bélicos por doquier no significa que el hombre esté condenado a la miseria de las violencias per se. Y la mejor manera de autenticar este aserto ante las exigencias de la intelectualidad científico-filosófica que no comparte este optimismo cultural, es seguir existiendo sin perjudicar al entorno.

Que no se trata de que escribamos estas consideraciones desde la comodidad oficinal, sino de que: a ver si comenzamos a responsabilizarnos por el ataque a la infelicidad, proveniente de los extremismos ora diestros, ora siniestros.

El retardo en derrotar la pobreza está lleno de presidencialismo: de manera que la evolución sociopolítica demanda por naturaleza una cogestión gobernativa en bloques federales que den al traste con la gangrena centralista; pesada gangrena que nos impide caminar con pasos adultos por lo que significa existir ya en el siglo XXI. Señores, no es cuento de ilusos. No se trata de exquisiteces pequeño burguesas, ni de barrabasadas revolucionarias. No se trata de una utopía más; se trata de la mundial demanda democrática en grado superlativo. ¿Entiendes, pana? ¿Captas que esto no es una manipulación ideologista, sino una manifestación de la voluntad convivencial que gradualmente se ha venido templando en cada vez más personas? ¿Se capta en entrelíneas que ya no necesitamos peligrosos y violentos izquierdistas y derechistas, ni sosos centristas, sino responsables y valientes y amigables integrales? *

* No confundir con integralismo

El autor es Comunicólogo

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febrero 13, 2012

Lorenzo González Izquierdo

Guillermo Feo Calcaño /

“¿Qué sería de nosotros los poetas sin ustedes los poetas que nos interpretan o tratan de adivinar?” me dijo cierta vez entre trago y trago mi estimado amigo, el bardo venezolano José  Ramón Heredia (1900-1987) del renombrado Grupo Viernes de entonces. Quería expresar el  poeta trujillano una cosa muy sencilla: Que no puede haber belleza, cualquiera que ella sea, sin personas que la asimilaran o consumieran en su espíritu. Lorenzo González Izquierdo, además de gerente de una empresa comercial de la cinematografía, fue toda su vida un consumidor a tiempo completo de la belleza musical, en especial la circunscrita al género operístico. Podría decirse que casi a diario leía, comentaba y escuchaba óperas de todos los estilos, desde los Bell-cantistas (Donizetti, Bellini)  (veristas comunes (Puccini, Mascagni, Massenet) hasta modernos de avanzada como Menotti, sin excluir a clásicos como Mozart, románticos sinfonistas como Wagner, Verdi único, Beethoven, y expresionistas como EL Alban Berg de “Lulú”.

Como todo operómano que se aprecie a sí mismo, la Voz humana constituyó su instrumento preferido. Las admiraba o conocía todas. Uno mencionaba, por ejemplo a Kozlovsky (1900-1993) y al punto sabía que se trataba del Caruso ruso a quien Stalin jamás permitió salir del territorio patrio. Últimamente conocía y se deleitaba con los mejores intérpretes japoneses de todas las tesituras.  Y la colección de discos, casetes y DVD que llegó a acumular es tal vez de las más versátiles del país.

En su trabajo diario con la rutina comercial cinematográfica González Izquierdo tuvo la enorme satisfacción de ser Productor Ejecutivo -asistido por los especialistas venezolanos Luís Armando Roche y Orlando Rivas- de la primera película sobre Bolívar, rodada completamente en Venezuela en 1969 por una coproducción hispano-italiana: La Epopeya de Bolívar (simplemente “Bolívar” para Europa. El Director del film fue el reputado Alejandro Blasetti. Y el Libertador fue interpretado por el gran actor austríaco Maximilian Schell; Manuelita Sanz estuvo a cargo de la hermosa actriz italiana Rosanna Schaffino. Fue una superproducción en cinemascope y en colores, con un sorpresivo final moderno alusivo a la Libertad de los pueblos. El compositor venezolano Aldemaro Romero aportó un bellísimo tema musical a determinadas escenas del film.

Merece destacar aquí la personalidad artística de Maximilian Schell como actor- Hizo más de noventa y dos películas entre Estados Unidos y Europa. Ganó un merecido Oscar en Hollywood por su interpretación del abogado defensor en El Juicio de Núremberg, al lado del célebre Spencer Tracy como Juez del Tribunal Militar Internacional; y Marlene Dietrich como personaje secundario. Fue Schaell, además, escritor, director y productor; e interpretó Hamlet en alemán.

Pero fue la Ópera alrededor de la cual giró la vida emocional, artística, de Lorenzo González Izquierdo. La sentía como parte integral de su existencia. La sentía hondo dentro de sí. No pocas veces en nuestras “tenidas” sabatinas en su amable hogar, en esos instantes en que la música alcanza las alturas insondables de la más pura poesía, vi humedecerse sus ojos, como en un silencioso homenaje de respeto y admiración.
 
¡Se nos fue Lórenz, amigos! Así lo llamábamos: Lórenz. Cerró sus ojos y partió en un prudente silencio acorde con su carácter apacible. ¡Aquel hombracho, de pecho erguido, cabello ya blanco, porte de magnate empresarial y alma de niño grande, bueno y caballeroso!

El autor es colunista político y crítico de arte

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enero 23, 2012

Un templo a Shakespeare


Guillermo Feo Calcaño /


Tal vez muchas personas piensan que por ser la primera superpotencia del mundo, los Estados Unidos de Norteamérica es un país egocéntrico, que no sabe mirar hacia afuera para enterarse de lo que son y han sido las demás naciones de la tierra, en especial en lo que concierne a la cultura y las artes. Nada más erróneo. En colegios, universidades, bibliotecas y museos estadounidenses encontramos testimonio del interés y la admiración que la patria de Washington, Lincoln y Jefferson siente por la antigüedad de sus semejantes en otros continentes.

En primer lugar, los Estados Unidos saben reconocer lo  bueno y lo malo que heredaron de sus antepasados y del mundo exterior en su conjunto; de Europa, especialmente de Gran Bretaña, España y Francia. Igualmente reverencian la antigua historia  de la creación humana.

Una muestra suelta de esto último es, por ejemplo, la hermosa réplica a real escala del Partenón griego (447-438 a.C.) levantada en 1920 y expuesta al público en 1931 en Nashville, Tennessee, para conmemorar el centenario de la incorporación de ese Estado a la Unión Norteamericana. El edificio contiene, por supuesto, una gran estatua de la diosa Atenea, aunque  no de marfil y oro como la original de la Atenas de Pericles.

Otro magnífico exponente de lo señalado es el templo (por así llamarlo) dedicado a la historia y la literatura universal, y en especial a William Shakespeare, construido en pleno centro de Washington, D.C. en 1930 por el señor Henry Clay Folguer y su esposa Emily Clara Folguer, conocido como The Folguer Library. Sería demasiado extenso pormenorizar acerca del gradual desarrollo de esta Fundación, su arquitectura y embellecimiento en medio de las edificaciones alrededor del cercano Capitolio y la grandiosa Librería del Congreso. Nos limitaremos a una reseña superficial de los departamentos y áreas especiales que conocimos en nuestra programada visita al lugar entre 1956-1957.

A la inmensa cantidad de libros y material concerniente a la época de Shakespeare, la Fundación se enriqueció con la compra de una magnifica colección de libros de los siglos dieciséis y diecisiete relativos a casi todos los aspectos de la vida del hombre sobre la Tierra. La Sala de Lectura para estudiantes altamente calificados se halla conformada al estilo típico del período Tudor o Stuart, con algunas modificaciones. El interior de la Galería de Exhibición  sugiere un hall al estilo Isabelino, en el cual se exponen algunos de los tesoros de la Librería: viejas pinturas al oleo, diseños, programas de dramas y objetos de arte.

Detrás de la Galería se puede ver el Teatro, una aproximación a las características comunes de un teatro en la época de Shakespeare. La primera producción de este teatro fue con Julio César, en 1948, de acuerdo a las convenciones originales de los tiempos del dramaturgo. Desde entonces hasta su actual temporada 2010-2011- se han presentado dramas y comedias de Shakespeare, alternadas con obras de célebres autores antiguos y modernos.

En el terreno educacional, la Librería cumple una labor tan extensa y variada que merecería un espacio aparte de estos comentarios. Comprende un Plan de Lecciones especiales, el cual incluye a profesores y estudiantes por igual, y abarca el análisis específico de los argumentos, escenas, temas, personajes y otros tópicos de las obras del dramaturgo, extendido en ocasiones hasta sus numerosos y polémicos poemas.
Pero el corazón, la verdadera joya, y si se quiere el mismo origen de la Librería Folguer lo constituyen las enormes colecciones de libros de la civilización inglesa, correspondientes a los siglos dieciséis y diecisiete, desde la invención de la imprenta hasta mediados del siglo diecisiete.

Ninguna librería en el mundo posee una colección de los trabajos de Shakespeare como la de la Librería Folguer en Washington, D.C. Entre ellos se encuentran setenta y nueva volúmenes de la primera edición de las obras dramáticas completas del autor, (record mundial) conocidas como el Primer Folio, publicado en 1623, a sólo siete años de la muerte  del poeta dramáticot  en 1616.

Poco más o menos relacionada con The Folguer Library, encontramos a la Shakespeare Asociación de América, Inc. (SAA) editora del Boletín trimestral The Shakespeare Quarterly dedicada al estudio de las obras del dramaturgo y sus poemas, el medio en cual vivió, los personajes que interpretó. En un mapa especial del territorio de los Estados Unidos se nos señalan los estados de la Unión en los que anualmente se efectúan Festivales conmemorativos a la muerte en Strafford del “Dulce Cisne del Avón”.

El autor es crítico de teatro.

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noviembre 14, 2011

Una leyenda del canto lírico

Guillermo Feo Calcaño /


La Ópera no es sólo un arte rigurosamente exigente en su producción integral, como espectáculo, la cual demanda estricta rigurosidad en su diseño y montaje, sino que muy rara vez  logra el éxito total en una presentación cualquiera, aun en teatros de excelencia como la Scala de Milán, el Covent Garden de Londres, el Metropolitano de Nueva York o el Colón de Buenos Aires. El propósito ideal de la ópera -alcanzar una síntesis de todas las artes: literatura, música, perspectiva, ballet, actuación- explica su misma inalcanzable perfección. 

Dentro de tales requerimientos, la representación de una ópera cualquiera puede defraudar al público presente, bien por causa de un libreto inadecuado, un diseño escenográfico impropio, la dirección de escena o la conducción de la orquesta. El espectador en estos casos, experto u ordinario, se muestra generalmente tolerante en disculpar fallas en uno u otro sentido. Mas no sucede lo mismo con el desempeño de los cantantes. 

Para el “operómano” experimentado el desempeño de los cantantes es “casi todo” en una función de ópera: si el tenor o la soprano, el barítono o el bajo. y hasta el coro mismo no cumplen a cabalidad con su papel, el espectáculo todo se viene abajo. Y es que la voz humana tiene una característica de excepción: es el único instrumento musical que incorpora el sonido hablado. Por ello el canto lírico requiere una especialísima preparación por parte del artista, y una  particular sensibilidad y experiencia del espectador enamorado de la voz humana en su máxima expresión. 

Ello explica que los aficionados a la ópera suelan hablar y discutir preferentemente acerca de los grandes cantantes del género que de los compositores del mismo. En el pasado cercano, Enrico Caruso (tenor) Claudia Muzio (soprano) Titta Rufo (barítono) y Feodor Chaliapin, (bajo) y sus correspondientes modernos, Plácido Domingo, María Callas, Ettore Bastianini y Boris Christoff, representan figuras estelares en dos épocas brillantes del canto operístico, precedidos y continuados por una pléyade de figuras de renombre internacional. Todas esas voces pueden escucharse hoy con mayor o menos precisión en discos compactos CD.

Dentro deeste panorama, el caso de Magda Olivero es algo excepcional: por la calidad misma de su voz, la extensión de su carrera artística y la cantidad y excelencia de colegas de ambos sexos que compartieron con ella la admiración de los públicos de toda Europa. Ello confirma la prolongada permanencia artística de la Olivero en los escenarios operísticos internacionales. Su vida artística tuvo una vigencia de medio siglo.

Sin embargo, como cosa extraña, la Olivero nunca cantó en el Covent Garden de Londres o el Teatro Colón de Buenos Aires, y llegó a debutar tardíamente en el Metropolitano de Nueva York. Sus grabaciones de óperas completas en estudio se limitaron a “Turndot, de Giacomo Puccini, con Francesco Merli  y Giana Cigna; Fedora, de Umberto Giordano, con Mario del Mónaco; y  fragmentos de Francesca da Rimini, de Ricardo Zandonai, también con Del Mónaco. En cambio. las “grabaciones piratas” fueron numerosísimas, algunas de óperas completas y la mayoría de escenas sueltas y arias., lo que parece indicar que sus admiradores en el mundo entero fueron más perspicaces y entendidos que los gerentes de sellos disqueros y administradores de grandes teatros como el Covent Garden de Londres o el mismo Metropolitano de Nueva York, en el cual vino a debutar tardíamente en 1975, con la Tosca de Puccini, a la edad de 65 años, recibiendo al cierre de cortina una prolongada ovación de veinte minutos, hecho insólito en dicho coliseo.

Olivero visitó a Caracas en dos ocasiones, la primera invitada por la Asociación Venezolana de Concierto, catando Manón Lescaut, de Giacomo Puccini y Adriana Lecouvreur, de Francesco Cilea; en la segunda visita, 1969, contratada por la Ópera Metropolitana de Caracas (OMAC) para dos conciertos con acompañamiento de piano. 

En general el repertorio operístico de la Olivero estuvo basado en la corriente verista de los compositores Prieto Mascagni, Giacomo Puccini, Francesco Cilea, Alfredo Catalani, Franco Alfano, Jules Massenet, Ruggiero Leoncavallo, Umberto Giordano. Aparte de estos compositores, Olivero cantó en 1954 para el Maggio Musicale Fiorentino, Mazeppa, de Peter I. Tschaikovsky, con el barítono Ettore Bastianini, el bajo  Boris Christoff y el tenor estadounidense David Poleri. Y fue siempre inigualada en la Traviata, temprano asomo verista, de Giuseppe Verdi, el más grande compositor italiano de ópera del siglo diecinueve.

Antes de su tardío debut en el Metropolitano de Nueva York con Tosca, Olivero había debutado en los Estados Unidos, en Dallas, con Medea, de Luigi Cherubini. Su éxito fue tal que la crítica la comparó con la cantada por María Callas.  Tiempo después, en Nueva York, acompañada por la Orquesta Filarmónica de la ciudad, cantó La voz humana, del joven compositor Francis Poulenc, basada en el monólogo de Jean Cocteau. Era el año 1981 y ya se cerraba una carrera artística de aproximadamente cincuenta años, cubriendo tres generaciones, algo sorprendente en un campo tan exigente y competitivo como el del canto lírico de altura.

Durante todo ese tiempo, Olivero se vio forzada, por razones personales, a interrumpir su carrera por diez años, (1941-1951)  y regresó a los  escenarios debido a ruegos del compositor Cilea, quien le expresó que no quería morir sin oírla cantar su opera Adriana Lecouvreur, petición que no se pudo cumplir a causa del fallecimiento  del compositor en 1950.

Con todo y ser una figura estelar en el campo operístico que eligió para sí, Olivero nunca fue lo que en el mundo deslumbrante de la ópera se llama una “Diva”. A ella jamás la acompañaron publicidades ruidosas, y menos aún escándalos personales o profesionales por motivo alguno. De su persona puede decirse con cabal propiedad que fue y será siempre una singular Dama entre las más célebres sopranos líricas, de las últimas tres cuartas partes del siglo veinte. Sobre todo por algo fundamental que no hemos señalado hasta ahora:: su primera categoría de singing actriz –cantante-actriz- que fusiona voz y gestión  corporal en un todo armónico de convincente expresión dramática. De no haber sido cantante, Olivero pudo haber sido muy bien otra Eleonora Duse de las tablas.

El 25 de marzo del presente año 2011, Magda Olivero cumplió ciento un años de existencia, en perfectas condiciones de lucidez mental y trato afectivo, en su apacible hogar de la calle Corso Magenta de Milán. 
Ha sido verdaderamente conmovedor verla y oírla hace poco a través de la red en un cálido homenaje de cumpleaños, con su figura esbelta y su cabello blanco,  cantar junto al piano y micrófono en mano unas pocas frases de la romántica Francesca da Rimini de Ricardo Zandonai. 

El autor es crítico artístico y literario.
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octubre 20, 2011

Complejidad y sombra del actor

Guillermo Feo Calcaño /


Un destino inexorable marcó la carrera del actor desde su presentación en los tiempos de Esquilo (525/524 a.C–56/455 a.C.) hasta la aparición del cine parlante (1928-1930) y más tarde del video digital (DVD.) en 1966. Durante esos mil seiscientos sesenta años aproximadamente, puede decirse que al morir un actor moría con él su arte individual; no dejaba tras sí otro testimonio que el de la letra muerta de las vejas crónicas, juicios críticos y memorias de viajeros apasionados. La explicación del caso es simple y natural: el actor es el único  artista que trabaja sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo, es a la vez instrumento y producción, causa y efecto. Al no haber medio alguno que copiara su creación, ésta dejaba de existir.
El hombre culto de hoy puede hablar y juzgar con natural familiaridad acerca de músicos, escritores, y artistas de las bellas artes de todos los tiempos y  escuelas. Pero esas mimas personas ilustradas no pueden dar testimonio cierto, de eminentes actores y actrices del pasado remoto, y ni siquiera de renombrados intérpretes de los siglos XVlll y XlX. Unos y otros tuvieron que conformarse con críticas de sus contemporáneos, como, por ejemplo, la del poeta y filósofo Samuel T, Coleridge: “Ver actuar a Kean es como leer a Shakespeare a la luz de los relámpagos”; o la nota escrita por Lord Byron en su Diario al regresar de ver actuar al mismo Kean: “¡Por Júpiter! este hombre es un alma. Vida, naturaleza, verdad sin exageración o reticencia.” O como sentenciara Bernard Shaw después de ver actuar juntas en Paris a Eleonora Duce y Sarah Bernhardt: “Bernhardt, sólo muestra su propia personalidad; Duce nos enseña el carácter propio del personaje que crea”.
Esto último nos conduce, por cierto, a la eterna  controversia de si el actor es un  simple servidor del dramaturgo o un creador sensible, emocional, del texto que interpreta. Esta interrogante intrigaba profundamente al actor norteamericano Edwin Booth (1833-1893) quien, según propia confesión, se desesperaba por imaginar cómo resolvía Edmund Kean (1787-1833) la trágica escena de Otelo en los instantes previos a su  suicidio.
Con la llegada del cine parlante se logra fijar la integridad del arte expresivo del actor, ya que sin el instrumento de la voz la técnica interpretativa queda reducida a la pura, aunque nada despreciable, pantomima de los cómicos de la antigua comedia del arte. Como genio del cine mudo, Charles Chaplin se mostró al principio remiso a la revolucionaria transición de uno a otro sistema, pero finalmente reafirmo su talento creador al triunfar con singular éxito en cintas memorables como Tiempos Modernos, El gran Dictador y Monsieur Verdoux.
Aporte  valiosísimo del cine al actor fue la toma del “close-up”, al permitir una ampliación más fina y precisa de las reacciones psíquicas en el rostro del personaje, muy limitadas en el teatro por razones obvias. 
Lo que siempre jugará en beneficio del teatro, es el contacto inmediato entre el carácter de carne y hueso en el escenario y el espectador en su butaca Esa comunicación íntima, esa telepatía instantánea que vibra al unísono es única y exclusiva de los modestos escenarios. Sin embargo, esa misma característica de intimidad es rigurosamente condicionante en las tablas, debido a la llamada distancia estética. En razón a ella, no acomodan al escenario teatral, extremas acciones de violencia física, fantasías espectaculares, exhibiciones sexuales y especulaciones de terror, las cuales lucen fascinantes, “reales” y emocionantes en la luminosidad de la gran pantalla del cinematógrafo.
Es precisamente por esto último que a pesar de la concepción monumental y anti-literaria del teatro de Antoin Artaud, algunos teóricos han afirmado que la verdadera esencia de la acción en las tablas es el diálogo.
No pocos actores, han expresado molestias por las minuciosas exigencias mecánicas y técnicas del cine al momento de la filmación. El actor y director británico Leslie Howard (1893-1943) puntualizó en un extenso artículo: “Con toda honestidad debo decir que el cine….no es en lo absoluto un medio adecuado para el arte del actor…un medio que lo controla mediante incontables factores técnicos desde el principio hasta el fin.” ¡Y recordar, no obstante, que fue este mismo Howard aquel el exquisito y delicado Romeo de 1936, al lado de Norma Shearer, John Barrymore y Basil Rathbone; además de “El amor nunca muere”, “El Bosque petrificado”, “Pigmalión”, “Intermezzo” y “La letra escarlata”!
Paúl Muni (1895-1967) virtuoso de las tablas y el cine, declaró cierta vez que “actuar en el cine es moverse en un mundo de problemas mecánicos que asechan al actor por todas partes; desde el instante que aparece en el set sus pasos son restringidos por marcas de tiza y distancias focales; su voz es manejada por micrófonos y controlada por selectores de sonido; y su imagen sólo puede verse si se mueve con sumo cuidado dentro de la jaula”.  A pesar de ello, Paul Muni fue el inolvidable protagonista de películas como “Juárez y Maximiliano”, “Madre Tierra”, “La vida de Emilio Zola”, “La vida de Luis Pasteur”, “Cara Cortada”, “Soy un fugitivo”, “Canción Inolvidable” y tantas otras cintas de gran impacto en su tiempo. Sus éxitos en las tablas fueron igualmente numerosos.
Uno de los requisitos indispensables para el actor en cualquiera de los dos géneros dramáticos es conocer las diferentes épocas de la historia de la dramaturgia, desde la antigua Grecia hasta el período moderno del llamado Teatro de lo Absurdo, pasando por la escala de teorizadores que abarca desde Platón y Aristóteles hasta Diderot, el Duque de Saxe Meiningen, Max Reinhardt, Gordon Craig, Erwuin Piscator, Meyerhold,  Stanislavsky, Artaud; además, por supuesto, de las opiniones de los más selectos actores de los siglos XVIII y XlX.
En este punto es preciso entrar en el  más polémico y complejo aspecto del desempeño, digamos psicológico del Actor. Hay dos vertientes antípodas al respecto, aunque factibles de complementarse, según lo reconocen algunos intérpretes: ¿Es el actor un creador o un simple títere del dramaturgo? ¿Debe ser un copista automático del texto que se le confía? ¿O puede -o debe- matizar, colorear intelectual y emocionalmente dicho texto? Marcus F. Quintilian (35-39 a.C.) reputado instructor de oratoria, opinaba que “si debe haber algún arte en lo que expresa el actor, no debe parecer arte”. Suena esto como una estúpida contradicción, pero no lo es en absoluto. Por lo contrario, asombra esta afirmación tan antigua, porque de hecho ella se conforma a la perfección con la mejor crítica moderna, al sostener que la mano del artista creador no debe verse por parte alguna, tiene que estar disuelta, substanciada en la creación misma.
Shakespeare nos dice que el arte en general debe ser un espejo de la Naturaleza, En la conversación con los comediantes en el castillo de Elsinor el príncipe Hamlet les recomienda: observancia, sinceridad y armonía entre la expresión corporal y las palabras; estudio y meditación en su trabajo, para no caer en la sobreactuación que lleva a los arrebatos desenfrenados y ridículos, tanto en la comedia como en la tragedia. En  monólogo posterior se refiere al poder del actor para “en un ensueño de pasión subyugar su alma a su propio antojo”. ¿No está implícita en esa delicada advertencia, la adherencia del propio Shakespeare a la corriente del actor espontáneo, intelectual?
El gran David Garrick (1717-1779) coincidía con la tesis del actor consciente al afirmar que “ningún hombre puede llegar a ser un verdadero actor si no era capaz de hacerle el amor a un poste con la misma intensidad que lo  hacía Romeo a Julieta bajo el cielo de Verona.” Quería significar con ello que el actor genuino debía trabajar absolutamente desligado de circunstancias externas, calculadas para despertar emoción. Para poyar su tesis Garrick podía divertir a sus amigos cambiando sucesivamente y a voluntad, diferentes expresiones de su rostro en relación a los más variados estados psíquicos de placer, acritud, dolor, ironía, rabia u orgullo. A pesar de su propio postulado, Garrick confesó una vez que para interpretar la locura del Rey Lear había estudiado previamente la arrebatada desesperación de un hombre a causa de la muerte de su  hijo.
David Belasco (1859-1931) actor y director del naturalismo fotográfico, creía que un actor que no  fuera capaz de tener sentimientos, pudiera interpretar cosa alguna. En el polo apuesto se colocaba el insigne intérprete francés Francisco J. Talma (1763-1826) actor favorito de Napoleón Bonaparte, al manifestar: “Aquél cuya alma no es susceptible de sentir una pasión extrema, jamás llegará a ser un actor de excelencia.”
El actor norteamericano John Barrymore (1882-1942, primero en representar Hamlet 101 veces consecutivas en New York, declaró: “Nunca he podido entender al actor que confiesa hundirse completamente en el carácter que representa.”
El culto, políglota y versátil actor puertorriqueño-norteamericano José Ferrer, Premio Oscar por su inteligente caracterización de Cyrano de Bergerac, su impresionante Toulouse Lautreck; Iago del actor afro-norteamericano y cantante Paul Robeson; el Delfín en Juana de Arco, y ganador de la Medalla de la Academia Americana de las Artes por la “belleza de su dicción”, sentenció en una ocasión “El actor es un creador de una creación.”

Cuando en el año 1956 tuvimos la suerte y el privilegio de entrevistar en su camarín al versátil actor de teatro y cine Fredric March (1897-1975) ganador de dos Oscar y dos Tony; primero en caracterizar en Broadway “La muerte de un Viajante”, de Arthur Miller, le planteamos la pregunta de rigor, y manifestó con natural sencillez su conformidad para trabajar sin dificultad alguna tanto en teatro como en cine.
Llegamos finalmente a la revolución sicológica del ruso Constantin Stanislavsky (1863-1938) director del Teatro de Arte de Moscú, quien junto al profesor Vladimir Nemirovich Danchenko, fundó su novedoso Método de Actuación, basado en tres premisas esenciales: Relajación-Concentración-Memoria afectiva. Este Método fue adoptado más tarde en Hollywood, con ciertas variaciones por Lee Strasberg en su Actor Studio, de donde saldría una rica cosecha de jóvenes actores como Marlon Brandon, Rod Steiger, Al Pacino, Dustin Hoffman, Elia Kazan, Robert de Niro, Paul Newman, James Dean, Montgomery Clift…
Digamos por último que el actor de teatro es un prisionero de sí mismo al actuar ante su público: si comete un error no puede borrarlo, como si puede hacerlo el pintor en su lienzo, el compositor en su pentagrama -y el mismo actor de cine frente a las cámaras. Tal vez esto determina el tan comentado “miedo escénico” de no pocos actores hasta el final de su carrera.
Concluyamos estas un tanto extraviadas reflexiones acerca del arte más popular y democrático que ha existido sobre la tierra, con una confesión de Henry Irwing, el intérprete británico más aclamado de su tiempo: “Creedme, el verdadero artista jamás deja de pensar con reposada satisfacción acerca de lo que ha logrado. Siempre está pensando acerca de lo que le faltó por hacer: En todo momento persiguiendo el ideal que nunca tendrá la fortuna de alcanzar.”


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septiembre 26, 2011

Los servicios públicos urbanos y la contaminación ambiental

Jesús González Briceño /
Generalmente los servicios públicos generan cualquier tipo de contaminación ambiental, particularmente en los grandes y medianos centros urbanos por la intensidad y concentración de las actividades humanas, pero su rango depende , en gran manera, del nivel de desarrollo de un país, de modo tal que a un mayor atraso económico, social y político-institucional, existen menos posibilidades de contar con una infraestructura y equipamiento urbanos capaces de prestar a la población una extensa y eficiente cobertura de estos servicios indispensables para un buen desenvolvimiento de sus actividades cotidianas.

El desarrollo tecnológico, la disponibilidad de recursos financieros y humanos, la aprobación e implementación de una normativa legal correspondiente y una concientización ciudadana sobre esta materia, son elementos necesarios para lograr una mediana o elevada calidad de vida en los países del primer mundo. En el nuestro, desafortunadamente, a pesar de contar con recursos suficientes, con tecnologías y una extensa y apropiada legislación ambiental, no hemos obtenido niveles satisfactorios en la prestación, cobertura y eficiencia de tales servicios, lo que constituye una amenaza cierta sobre la salud de la población, la flora y la fauna de nuestro territorio. 
No es una exageración y las cifras y datos estadísticos así lo demuestra que el agua para el consumo humano, la degradación del aire en áreas importantes de nuestras ciudades, la mala gestión de los desechos domiciliarios, urbanos e industriales, disposición y tratamiento de las aguas residuales, los constantes derrames petrolíferos e industrias derivadas, la utilización excesiva e indiscriminada de agroquímicos en las explotaciones agropecuarias, las perturbaciones por la excesiva publicidad lumínica y comercial en los espacios públicos y vías, las emisiones industriales no controladas y canalizadas, los elevados niveles de ruidos y sonidos en las ciudades, etc, son realidades que no podemos esconder ni minimizar y que perturban la calidad de vida de nuestros habitantes que no son justificables, al existir una legislación adecuada, extensa y vigente sobre la materia ,no por la carencia de tecnología y recurso financieros y humanos sino por desidia en la aplicación e instrumentalización de la política estatal al respecto.

Para nadie ni nada es un secreto que:

LA POTABILIZACION Y EL ABASTECIMIENTO DEL AGUA es un problema relevante que debe corregirse en determinadas y señaladas regiones y sectores urbanos y rurales que afecta la salud de la población.

LAS EMISIONES, CONTROLES Y EQUIPAMIENTOS de los agentes contaminantes del aire en nuestras ciudades y zonas industriales son elementos perturbadores constante de vías respiratorias, la visión y la piel.

LOS RUIDOS Y SONIDOS MOLESTOS provocados por la circulación vehicular y motocicletas, por el corneteo y sirenas indiscriminados que sobrepasan los decibeles permitidos por normas y ordenanzas perjudican la audición, las comunicaciones y la tranquilidad de los residentes.

LAS AGUAS SERVIDAS constituyen un problema de salud pública importante a sabiendas que apenas un 32% son tratadas y existen constantes obstrucciones, derrames y roturas en las vías públicas por la obsolescencia de gran parte del sistema de drenajes y alcantarillado en todo el país.

LOS RESIDUOS SOLIDOS DOMICILIARIOS, URBANOS E INDUSTRIALES, en un 90% son vertidos o depositados en 3.000 botaderos de basura, en vías públicas, solares urbanos y rurales, y gran parte de ellos van a parar a los ríos, lagos y playas.

NUESTROS PRINCIPALES CUERPOS HÍDRICOS (Lagos de Maracaibo y Valencia, lagunas, ríos etc.) tienen un alto grado de contaminación y parte de ellos surte el agua para consumo humano.

Las POLÍTICAS PÚBLICAS deben estar dirigidas a evaluar exhaustivamente estas fuentes contaminantes y otras más muy importantes (derrames petrolíferos, agroquímicos, emisiones de plantas industriales y termoeléctricas, etc.) para diseñar y aplicar a corto y mediano plazo las medidas sistemáticas tendentes a corregir esta situación que afecta la población y su territorio.

El autor es Doctor en Ciencias Políticas, con Maestrías en Economía Venezolana y Defensa y Seguridad Nacional, Profesor Titular.  

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septiembre 25, 2011

AD, hija política del PDN (y II)


Alberto Rodríguez Barrera /


La democracia como objetivo a conseguir en la Venezuela transformada y la democracia como característica del proceso mismo de transformación, es una de las dimensiones que caracterizan al Partido Democrático Nacional durante todo el período de la clandestinidad que va de 1937 a 1941.  Hacer de la democracia parte constitutiva de la cultura política de los venezolanos significa incidir radicalmente en ella. La palabra está presente en el lenguaje político desde los tiempos de la independencia. Sus contenidos son muy variados. Como talante y actitud ha podido adornar a algunas personas. Pero los regímenes políticos y las relaciones sociales predominantes en más de cien años de vida republicana no pueden caracterizarse precisamente como democráticos.

Una de las contribuciones a la democratización del proceso político venezolano es el fortalecimiento de las instituciones. El pasado ha dependido mucho de las personas, ahora es necesario trascenderlas a través de organizaciones sociales y políticas permanentes, que sobrevivan a sus fundadores y a sus gestores. El Estado democrático constituido y los partidos democráticos son pilares fundamentales de una sociedad democrática.

El principio básico de la vida democrática es reconocer que la razón no está en un solo individuo, ni es privilegio exclusivo de un grupo, partido o estamento social. Por tanto, las sociedades democráticas se caracterizan por que en ellas coexisten ideas distintas, sin que nadie sea perseguido por eso. Los conflictos, propios de cualquier sociedad humana se dirimen democráticamente esgrimiendo argumentos, convenciendo, obteniendo la aprobación mayoritaria de los miembros de la sociedad. La imposición de las ideas personales o del grupo porque se tiene más fuerza es el tipo de “política”  que se quiere sustituir definitivamente.

El PDN propone una democracia representativa, en la que el pueblo elige a sus legisladores y gobernantes a través del voto por períodos determinados al cabo de los cuales se garantice alternabilidad. La democracia, además, se aprende participando democráticamente en la vida política. No hay otra pedagogía de la democracia que no sea ejercer ampliamente libertad de expresión y de asociación, elegir a quienes van a regir los distintos niveles del Estado y generar proyectos políticos y organizaciones que luchen para realizarlos obteniendo la preferencia de la mayoría de los ciudadanos.

La constitutiva dimensión democrática del PDN se traspasa a los primeros años de Acción Democrática pese al levantamiento militar del 18 de octubre de 1945, cuando se derroca a Isaías Medina Angarita con objetivos –por parte del PDN-Acción Democrática- de consolidar la democracia, proponiendo una filosofía de la historia alternativa  no sólo al comunismo, sino también al positivismo, cuya vigencia como paradigma ideológico y cultural en las primeras décadas del siglo XX en Venezuela es generalmente admitido.

Una preocupación intelectual, también cultural y política, expresada en algunos fundadores del PDN, como Rómulo Betancourt y Luis Beltrán Prieto Figueroa, en coincidencia con otros pensadores como Augusto Mijares, podría formularse del siguiente modo: ¿cómo sacar a Venezuela de la matriz intelectual positivista? En términos políticos podríamos decir: ¿Cómo se puede ser demócrata, sin ser positivista (ni comunista, como queda dicho)?

El punto crucial, posiblemente, es que los pedenistas se apartan de la concepción determinista de la historia que sostiene el positivismo. En el caso venezolano, además, ese determinismo desemboca fácilmente en una especie de pesimismo histórico que lleva a aceptar como inevitable, aunque sea de mala gana, la recurrencia de regímenes personalistas, autoritarios, dictatoriales.

Para los pedenistas la tesis del “gendarme necesario”, presentado, además, como “césar democrático”, porque es la única forma posible de democracia en el estadio de evolución en el que se encuentra la sociedad venezolana, es, sencillamente, inaceptable.  Que los “gendarmes” son posibles está ampliamente demostrado a lo largo de la historia. Lo que se discute es su necesidad, basada en que la historia tiene un rumbo determinado del que no puede salirse, etapas por las que tiene que pasar.

El pedenismo concibe la historia como resultado de las decisiones libremente tomadas por los seres humanos que viven en sociedad. La historia no se padece, se hace.  La posibilidad de plantear proyectos políticos y proponer la democracia como el modo de realizarlos, de arribar a decisiones colectivas y de regir la vida pública, depende de que la historia no sea pre-determinada, sino libremente decidida por las personas humanas que la viven.

Las fuentes pedenistas dejan la fuerte impresión de que su enfoque no se queda encerrado exclusivamente en una visión socio-estructural de las relaciones económicas y políticas. Se ve a las personas y a las sociedades como sujetos con vida propia, sometidos a procesos de cambio con ritmos diversos. En la historia que hemos seguido hay algunos casos claros de este enfoque. Al comienzo, bajo la presión negativa de la legalización del primer PDN y del decreto de expulsión, prevalece una actitud maniquea frente al gobierno: López y todo el gobierno “gomecista”, al mismo tiempo que se perciben metidos, sin distinción alguna, en el saco de “comunistas”. Al poco tiempo, mientras se perciben distintos de los comunistas al punto de provocar el deslinde, también descubren que el gobierno no es monolítico, que lo forman figuras muy distintas entre sí, incluso participan en él, en puestos de dirección, personas que fácilmente podrían militar en las filas pedenistas. Más aún, llegan a percibir con claridad que López Contreras no es Gómez y que, aunque participó en el gomezalato, poco tiene que ver con él como persona y en su modo de ejercer la Primera Magistratura.

Otro caso notable es el de Medina Angarita. La primera impresión que tienen los pedenistas de él es la de un militar pro-fascista, cuya llegada a la presidencia significaría el riesgo de perder los espacios democráticos logrados durante el gobierno lopecista. Resulta que es el General Medina quien autoriza la vida pública del Partido del Pueblo.

El no quedarse encerrado en una visión socio-estructural de las relaciones es evidente en el caso de Rómulo Betancourt. Su bien obtenida fama de hombre polémico tiene precisamente que ver con esto. Individualiza las relaciones, constantemente califica a las personas, no reacciona automáticamente igual a los mismos estímulos, es capaz de reconocer los cambios en sí mismo y en los otros.  Cuando discute, no es para imponer la verdad que tiene previa y definitivamente adquirida, sino para convencer y hasta para ser convencido. Lo mismo en el terreno político, su afán de partir siempre de un análisis de la situación lo lleva a percibir el cambio en el proceso social, o en su propia perspectiva, por tanto, a criticar su propia posición anterior y descubrir nuevos cauces de acción política.

Había una ética pedenista. De ella hemos encontrado y seguido múltiples rasgos en estas raíces. La reciedumbre ética con las personas como Valmore Rodríguez, Alejandro Oropeza Castillo, Rómulo Betancourt, entre otros, enfrentan el quehacer político como inherente a su humanidad, cosa que impacta en la Venezuela de hoy. La ética tiene que ver con la dimensión humana y el ejercicio de la libertad. Afirmar la libertad de pensamiento, expresión y asociación, junto a la posibilidad de tomar decisiones colectivas de modo democrático, es decir, mediante el diálogo, la negociación y la aceptación de la opinión mayoritaria, implica la aceptación de una ética política. Una ética política sólo puede fundarse en una concepción ética de la persona humana.  Reconocer esta tarea no basta, es igualmente necesario poner las condiciones para llevarla a la práctica.


La formación política y humana es una condición para participar en la vida partidista. El partido es una escuela de ciudadanos, es decir, de personas responsables del proceso social, que se capacitan para participar más y mejor en la vida colectiva. Sin formación es una quimera pretender un partido cuyo centro sea la identificación ideológica y el compromiso con un programa.

Es también característico del Partido Democrático Nacional fundamentar su propuesta programática en un diagnóstico de la situación de Venezuela. Sin conocer el país y sus habitantes, cualquier programa no es más que una proclama aérea, sin posibilidades de hacerla realidad. Del esfuerzo por conocer a Venezuela surge la necesidad de un partido que agrupe en sus estratos reales existentes en el país y no a los que se deducen de las teorías revolucionarias nacidas en otros contextos geográficos y sociales. Es desde el contexto de un país agropecuario, dominado por los latifundistas y las compañías extranjeras que extraen la riqueza petrolera y minera para beneficio del capital imperialista, que se puede proponer un plan para el rescate de la parte que le toca al Estado y al pueblo venezolano de esa riqueza del subsuelo, que puede ser convertido en producción agropecuaria e industrial, en redes de comercialización y servicios públicos que conviertan la riqueza natural del territorio en una vida humana para los venezolanos.

El PDN está concebido como una organización para la acción política. Por tanto, tiene una estrategia y una táctica para alcanzar su cometido. La estrategia tiene como objetivo final alcanzar el poder político por la vía del triunfo electoral. Para ello es necesario ensanchar lo más posible los espacios de acción, conseguir la legalización del partido y la aprobación del sufragio universal. Mientras tanto, la táctica se realiza a través de la política de convivencia con el Presidente López Contreras y el ala progresista de su gobierno e impulsando la creación de un “frente democrático”. Además, se promueve la inscripción en el registro electoral de quienes pueden votar en las elecciones municipales a las cuales se presentan los candidatos progresistas o militantes pedenistas. Igualmente se participa activamente en las organizaciones legales “de defensa económica” y culturales. A través de los parlamentarios y concejales pedenistas, y los simpatizantes que se sumen, se participa activamente en las decisiones municipales y en el Congreso, e incluso se toma la iniciativa de promover leyes y ordenanzas. La prensa “legal e ilegal” es un instrumento al que la táctica pedenista otorga una importancia grande. Llama la atención el enorme esfuerzo que se hace para mantener la presencia en los diarios nacionales y locales, en la publicación y distribución de boletines, manifiestos, etc. Desde muy temprano se tiene el proyecto, incluido presupuestos de maquinarias, de editar un diario del partido.

El nacionalismo pedenista tiene como una dimensión constitutiva el latinoamericanismo. Así como se promueven la integración de las naciones de América Latina, se propicia también la “conexión latinoamericana” de los partidos populares de izquierda democrática, echando las bases de una red de partidos nacionalistas, independientes de cualquier internacional, unidos por la decisión de convertir a los pueblos de cada nación en sujetos políticos y sostener posiciones comunes frente a la situación internacional.

La guerra europea, producto de la voluntad imperialista del nazi-fascismo, es la ocasión para diseñar una posición internacional propia del PDN y de los partidos de izquierda democrática. La necesidad de planificar la defensa continental es la ocasión para impulsar la integración de un bloque de naciones latinoamericanas que negocien conjuntamente con el gobierno de Roosevelt. De esta manera se lograría transformar los ejércitos nacionales de cuerpos represivos al servicio de las dictaduras personalistas en cuerpos armados con equipos militares modernos para la defensa de la soberanía nacional y continental. Es ocasión también para entrenar al pueblo en el manejo de las armas necesarias para preservar la soberanía. Paralelamente al plan de defensa continental es necesario negociar con EE.UU. modos prácticos de garantizar la participación justa de los gobiernos y pueblos del continente en los beneficios de las empresas norteamericanas que realizan sus operaciones en ellas. El éxito de una política de esta naturaleza sería un cambio sustantivo en la faz de América.

Esta historia de las raíces del Partido del Pueblo se encuentra documentada en los archivos de Rómulo Betancourt y de Juan Bautista Fuenmayor (Secretario General del Partido Comunista de Venezuela), donde se encuentran los boletines internos del PDN. Ambos archivos resultan complementarios. En el archivo de Betancourt no había un sólo ejemplar de los boletines internos del PDN, a pesar de que algunos de los primeros boletines nacionales fueron escritos por él, quien cumplió al pie de la letra las medidas de seguridad de la organización: una de las normas organizativas del PDN era que los boletines internos, una vez estudiados en los grupos de base, debían ser destruidos para evitar cualquier riesgo de filtración de la información.

Sin embargo, hubo filtraciones. Los boletines internos pedenistas fueron a parar a las manos de Fuenmayor. ¿Cómo? Un pedenista que decisió pasarse al PCV se los entregó. Un pedenista que siguió la línea de la dirección del partido que exigía identidad doctrinaria a sus militantes, que dudó mucho tiempo y finalmente se sintió más identificado con la posición comunista. Un pedenista que no cumplió al pie de la letra las normas conspirativas, porque conservó esos boletines. Llama también la atención el uso que de esos boletines hizo Juan Bautista Fuenmayor. Le sirvieron de información fidedigna sobra las posiciones del PDN y, muchos años más tarde, para escribir su Historia Contemporánea de Venezuela. No se encontró un uso avieso de esos materiales por parte de Fuenmayor, ni para hacerle daño al PDN ni para beneficiar al PCV. Un estilo leal de hacer política.

El empeño por entender el proceso pedenista como una creación colectiva está también recogido en los escritos periodísticos de Valmore Rodríguez entre 1937 y 1941, tanto en su columna Escolios publicada en Maracaibo en el diario Panorama y en escritos publicados en la caraqueña revista Fantoches de Leoncio Martínez. A la luz de estos escritos, queda más que demostrada la incidencia del pensamiento de Valmore Rodríguez en la formulación de la ideología pedenista. La sensibilidad y convicción democráticas de Valmore Rodríguez contribuyen a que la doctrina del PDN incorpore esta dimensión en su núcleo principal. En sus escritos se nota, además y como también precisa Arturo Sosa, “un fino olfato político que fue factor decisivo en el aprendizaje pedenista para entender la complejidad de la situación que vivían y aprovechar las sinuosidades de la coyuntura con una actitud flexible que diera lugar a las negociaciones y alianzas oportunas para mantener posiciones o avanzar hacia los objetivos de corto o largo plazo”.

El deslinde con el comunismo no se produjo abruptamente. Fue un trabajado y trabajoso proceso de superación del pasado, de edificación conceptual, de atención a los ritmos de las personas y los grupos, sometidos a presiones diferentes. Un proceso que supuso mucha paciencia-impaciente, de comprensión mutua por la complejidad de la situación nacional e internacional que se afrontaba y porque los esquemas prexistentes para entenderla e interpretarla estaban resquebrajándose. La paciencia necesaria para interpretar los problemas nuevos y construir el edificio conceptual necesario para plantear soluciones alternativas. Mucha paciencia con personas que no se dedicaban al ejercicio intelectual, sino que arriesgaban diariamente sus vidas, en el esfuerzo por llevar a la práctica las ideas que los movían. Eran situaciones de premura. Se requerían respuestas nuevas con urgencia. En algunos casos, como el de los pedenistas del Zulia, la impaciencia provino de lo enrarecido de la situación, precisamente por ausencia de paciencia de una y otra parte. No se respetaron las vinculaciones humanas, ni los ritmos personales-grupales para captar las situaciones, ni se esperaron los resultados, provocándose ataques personales y acontecimientos capaces de agotar toda paciencia.

El deslinde no se limitó a la separación de las propuestas de la III Internacional. Se produce un auténtico deslinde conceptual con lo que significa ser de izquierda. El PDN no se concibe únicamente como un partido de oposición. Su propuesta es que ser de izquierda significa, además de un conocimiento a fondo de la situación nacional e internacional desde una perspectiva crítica (“científica”, en el término del lenguaje del momento), tener soluciones alternativas a los problemas. Ser de izquierda significa tener un proyecto a dónde ir, un grupo humano dispuesto a superar todos los obstáculos para llegar, la organización responsable de asumir el poder y un mapa del camino por el que se quiere llegar.


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septiembre 09, 2011

Disipando las dificultades

Alberto Rodríguez Barrera /

“No es suficiente, antes de comenzar a reconstruir la casa en que uno vive, simplemente derrumbarla, proveer materiales de construcción y arquitectos, o convertirse uno mismo en el propio arquitecto, y, además de todo esto, tener un cuidadoso plan previsto para la nueva construcción, sino que uno debe tener algún otro lugar conveniente en el cual residir mientras el trabajo de construir se adelanta; y, de la misma manera, para poder permanecer irresoluto en mis acciones mientras la razón me obligaba a suspender mi juicio, para continuar viviendo tan feliz como pudiera, yo tracé una moralidad provisional para mi mismo, compuesta de sólo tres o cuatro máximas...”

Descartes estaba contento con su método, ya que sus cuatro reglas le aseguraban el uso de su razón, si no perfectamente al menos en lo que tenía al alcance de su poder. No era el atropello y la improvisación con que proceden ciertos gobernantes, obviamente, ya que Descartes tenía la honradez de reconocer su ignorancia y de prepararse para obtener mejor conocimiento.

Figuraba primero entre sus máximas la obediencia “a las leyes y costumbres” de su país y –pese a que llegaría a ser el “gran innovador”- quería gobernarse a si mismo “en todo de acuerdo a las opiniones más moderadas”, aquellas menos dadas al exceso y comúnmente aceptadas en la práctica “por los más sensatos de aquellos con quienes tendría que vivir”, seguro de que no había nada mejor que eso. Por ello es que para conocer sus sentimientos reales observó “sus acciones en vez de sus palabras”, no sólo por la corrupción de maneras y costumbres, también porque la gente no declaraba aquello en que creían y “porque muchos no lo saben ellos mismos”.

agosto 28, 2011

Fernando Gómez: gran actor venezolano

 Guillermo Feo Calcaño /


Hemos podido escribir también: Decano de los actores venezolanos, porque Fernando se retiró de la escena hace apenas unos pocos meses. Ha dejado tras de sí un número de presentaciones teatrales no igualado por intérprete alguno de su generación, con un repertorio de títulos y autores que va desde La Malquerida, de J. Benavente y Fuenteovejuna de Lope de Vega hasta Un hombre con barba y pumpá (Reverón.) o La versión Browning de Terence Rattigan, situando en el medio a El círculo de Tiza de Bertolt Brecht; Un enemigo del pueblo, de Henry Ibsen; Esperando al zurdo, de Clifford Odets; Un largo viaje en la noche de Eugene O’Neill; Otelo, de W. Shakespeare, y tantísimas otras piezas que no mencionamos porque restarían espacio a consideraciones complementarias sobre el mismo sujeto.
Grandes actores de todos los tiempos tuvieron que agudizar su inteligencia creadora y su innato poder de sugestión, para poder contrarrestar algún defecto de su naturaleza corporal. Otros más afortunados, junto a sus valores creativos gozaron de una presencia física singular y atractiva. Fernando Gómez fue uno de ellos. A lo visible de su personalidad varonil, se sumaba una voz hecha para las variadas exigencias circunstanciales  de la comedia, el drama o la tragedia.
Influenciado en las primeras de cambio por la formalidad –digámoslo así- de los primeros actores españoles que nos visitaron en el primer cuarto del siglo veinte, fue decantando su poder de observación, su técnica y conocimientos generales, hasta llegar a la altura conceptual interpretativa que lo llevaron a hurgar en la sicología y el carácter de un Eddie Carbone de Panorama desde el Puente, de Arthur Miller; del Dr. Stockmann, de Un enemigo del Pueblo, de Henry Ibsen; de  El moro de Venecia, de W. Shakespeare; el Willy Loman, de La muerte de un Viajante; el James Tyron de El largo viaje hacia la noche, de E. O’Neill; el Marqués de Sade, de Marat-Sade, de Peter Weiss (montaje cumbre del director Horacio Peterson, 1968.)

Y alcanzar más tarde las alturas interpretativas del Henry Drummond, de Heredarás el viento, de Jerome Lawrence y Robert E. Lee; y finalmente del Clarence Darrow, en El juicio del siglo.
Este cronista alcanzo a ver en Nueva York, en 1956, la primera de las dos últimas obras señaladas, con el inolvidable Paúl Muni en el rol del eminente jurista Clarence Darrow, (Henry Drummond en la ficción) en el histórico Juicio del “Mono, utilizado por los autores señalados como una especie de parábola frente al entonces Macartismo de la época en Estados Unidos. El tema es una controversia entre el fanatismo religioso y la realidad científica, para concluir con la defensa del derecho a disentir. Fernando Gómez tuvo la fortuna de enfrentar con reciedumbre y extraordinaria caracterización, la enorme exigencia interpretativa de la obra, que en Manhattan alcanzó 274 funciones en serie. Años antes había logrado lo mismo con su recio Comendador de Fuenteovejuna.
Pero ha sido en el Clarence Darrow de El Juicio del Siglo donde Fernando Gómez ha alcanzado el cenit de su larga carrera de sesenta y seis años sobre las tablas. Esto es una marca excepcional para cualquier actor en Venezuela y fuera de ella. El drama es una adaptación hecha por el propio Fernando Gómez de un texto, Compulsión, en el que se recrea un juicio en el Chicago de 1924 sobre dos estudiantes de familia millonaria que deciden asesinar a otro joven estudiante, sólo para “ver cómo se sentía el hecho de matar”. Clarence Darrow, un eminente abogado, resuelve defender a los muchachos y lograr salvarlos de la pena de muerte.

El texto de la defensa de Clarence Darrov es una pieza de elevado humanismo, envuelto en poética sociología y belleza dramática que alcanza su cometido final. Lo que hace Fernando Gómez en esta tremenda demanda actoral de dos horas de duración no tiene paralelo en la escena contemporánea de nuestro país. Tal vez ello encuentre sentido en estas palabras del propio actor: “En mi vida de actor, en mi vida de hombre, de ser humano, en mi vida como servidor público dedicado a la medicina, mi encuentro con Darrow ha sido fundamental…Con Darrow descubrí la función social del teatro como medio para despertar la conciencia del espectador.
Fernando Gómez ha presentado este monólogo de El Juicio del Siglo en 321 funciones a través de todo el país. Por ello y muchísimo más detenta el Premio Nacional de Teatro 1987.
Fuera de la escena, encontramos en Gómez a un caballero tímido, si no se halla entre familiares y amigos íntimos; un gran lector, amante de la música en casi todos sus géneros. Liberal en política, Almacenó en un tiempo cuadros de reconocidos pintores venezolanos. Un mundo de días atrás disfrutaba recitar en su inglés latinizado monólogos de Shakespeare, como aquel “O, what a rogue and peasant slave am I…”
Nació en La Guaira y fueron sus padres el doctor en medicina Rosendo Gómez Peraza y Presentación Castillo, actriz y primera tiple de una compañía infantil de comedias musicales. ¡Hijo de gato…!

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agosto 30, 2010

La sintaxis electoral: el caso Venezuela


Fernando Mires /

1.
He sabido que frente a las elecciones parlamentarias que tendrán lugar en Venezuela el 26 de septiembre del 2010 varios comentaristas opinan de acuerdo al valor concedido a determinadas encuestas, reconociéndose, además, que existen encuestas oficialistas y otras que no lo son, y que las oficialistas dan por ganadores a las fuerzas oficialistas y las no oficialistas a las no oficialistas. De ahí que es recomendable a todo quien quiera escribir un análisis político no dar a las encuestas más valor que el que damos a los horóscopos, a menos que creamos de verdad en la astrología, tema que al autor de estas líneas es tan ajeno como la nigromancia o la alquimia.

No es que las encuestas sean falsas. Pienso, por el contrario, que quienes las hacen toman muy en serio su trabajo y que algunos actúan, además, de acuerdo a criterios objetivos. Más aún, las encuestas reflejan en algunos casos la verdad, pero –éste es el “quid” del asunto- sólo la verdad del día, hora y minuto en que se hacen las encuestas. Afortunadamente los seres humanos cambiamos de opinión cada cierto tiempo, y escribo afortunadamente, pues si nadie cambiara de opinión, no sólo las encuestas estarían de más; las elecciones también.

Las elecciones son luchas por el poder cuantitativo. Se trata de obtener más votos que el enemigo lo que explica que muchas veces ocurre que quienes menos se preocupan de política son los que definen los resultados, sobre todo cuando las elecciones tienen lugar, como ocurrirá en Venezuela, entre dos fuerzas diametralmente opuestas: la del chavismo y las del anti- chavismo. De ahí que el objetivo es, primero, que los indecisos se decidan, y segundo, que los decididos abandonen su decisión y pasen al otro lado.

Hay otras razones que obligan a restar cierta importancia a las encuestas. Una de las más relevantes es que, al igual que nosotros, la realidad también cambia. A veces, un acontecimiento que ocurre un par de días antes de una elección, puede decidir su resultado. Recordemos, a manera de ejemplo, como los actos de terror ocurridos en España el 11 de marzo del 2004 cambiaron la opinión electoral e hicieron posible que Rodriguez Zapatero y no Rajoy –quien arrasaba en las encuestas –llegara al gobierno.

Esas son, entre otras, razones por las cuales una lucha electoral no debe darse por terminada hasta el día antes de la elección. Aún está fresco el recuerdo del fracaso rotundo de las encuestas colombianas que daban una altísima votación a Antanas Mokus quien obtuvo, al final, sólo un magro 27,5%. Todavía las encuestadoras colombianas están intentando justificar el papelón que jugaron.

Pero si nuestras opiniones no están basadas en encuestas ¿quiere decir que las opiniones deben estar libradas a la pura subjetividad del analista? En efecto; si la función del analista político fuera la de adelantar resultados, no hay otra alternativa que recurrir a encuestas. Pero ¿es ésa la tarea del analista político?

La verdad, no hay nada más dañino para un análisis que hacer profecías. Por supuesto, ningún análisis es completo si renuncia a la presentación de algunos escenarios posibles, pero siempre bajo el entendido de que se trata de simples hipótesis. En otras palabras, nadie tiene las llaves de las puertas del futuro. Ahora, aquello que sí se pide a todo analista frente a unas elecciones, es presentar un cuadro de las diversas correlaciones de fuerzas, y eso significa, en primera línea, ocuparse de la sintaxis política del momento. Afirmación que obliga a explicar con qué se come eso.

La sintaxis, como es sabido, es aquella parte de la gramática que se ocupa de precisar el orden de las oraciones, determinando el lugar que ha de corresponder al sujeto y al predicado, a la proposición y al pronombre, al adjetivo y al sustantivo, al significante y al significado. De ahí que los semióticos modernos opinan que la sintaxis asegura el orden del discurso, de tal modo que cada discusión filosófica o política es, en el fondo, una discusión sintáxica. Pues bien, como muchos de los términos que usamos, el origen primario de las palabras no viene de la discusión galana sino de su realidad antecesora: la guerra. En efecto, en la Grecia pre-helénica la sintaxis era la disciplina destinada a estudiar el orden de los ejércitos antes de las batallas de acuerdo a un conocimiento previo del orden (sintaxis) del ejército enemigo. De este modo la sintaxis militar precisaba lo espacios donde debería actuar la infantería, la caballería, los escuderos, los flecheros y los lanceros. Así, la construcción de una sintaxis equivocada podía determinar la derrota frente a un enemigo más débil. En la política ocurre lo mismo. Una palabra equivocada, o un desorden discursivo, puede llevar a la pérdida de puntos en una contienda electoral.

Con ello quiero decir: todo argumento es una construcción sintáxica y los argumentos son armas de esa guerra gramatical que es la política.

Sin embargo, a diferencias del arte de la guerra, en donde se trata de ocupar espacios territoriales, a través del arte de la política intentamos ocupar espacios argumentales que en la política reciben el nombre de temas. Luego, quien ocupe los temas predominantes puede situarse en mejores posiciones electorales que su enemigo. Ello supone, por supuesto, que para ganar a la opinión pública a través de la sintáxis discursiva es necesaria una mínima libertad de opinión. Es por eso que todos los regímenes dictatoriales -y los que quieren serlo- buscan suprimir la libertad de opinión (y por supuesto, a sus medios de expresión) Pero al hacerlo destruyen la sintaxis política y con ello a la propia política.


2.
Analizar la sintaxis electoral de un país tan complejo como Venezuela obliga a hacer simplificaciones; y la más grande es la que se da entre los dos frentes nacionales: el chavismo y el anti-chavismo. Entre esos dos frentes está el campo del no-chavismo que tanto el chavismo como el antichavismo intentarán ocupar. Luego, avanzar hacia esa franja intermedia que es el no-chavismo, presupone analizar la sintaxis al interior de cada uno de los frentes en conflicto, y luego, ver en que medida cada una de esas fuerzas se encuentra en mejores condiciones de ocupar temas electoralmente decisivos.

Ahora bien, entre el chavismo y el antichavismo existe una ya larga división del trabajo. Mientras el chavismo ha logrado erigirse en representación del tema de las necesidades sociales, el anti-chavismo lo ha hecho en representación del tema de las libertades políticas. Esos son, por lo demás, los temas preferidos de cada una de las fuerzas en conflicto.

No obstante, después de 12 años de chavismo será posible afirmar que en lo que respecta al primer tema, el de las necesidades sociales, el chavismo ya no es lo mismo que antes. Por supuesto, mantiene su presencia en las misiones y continúa su práctica asistencial. Pero, paralelamente, sus propios seguidores son afectados por la inflación que el gobierno, definitivamente, no sabe controlar. A la vez, las miles de toneladas de alimentos descompuestos que aún siguen encontrándose en puertos y cercanías no ayuda a incrementar la popularidad del gobierno. Si a ello sumamos la incapacidad oficialista para afrontar el tema de la seguridad ciudadana, que también golpea fuerte a los sectores populares, hay que convenir que el bastión social, fortaleza tradicional del gobierno, se encuentra sumamente deteriorado.

Tampoco ha logrado el chavismo aumentar el espacio de legitimidad democrática. Al contrario, el gobierno no sólo controla los tres poderes públicos, sino que lo hace sin el menor pudor, encarcelando opositores sin presentar pruebas, cercenando los espacios de libertad comunicacional, convirtiendo al ejército y a la policía en fracciones armadas del Partido del Estado, difamando y reprimiendo a sus adversarios como cualquiera dictadura tradicional. En breve: el gobierno ha dilapidado el capital de legitimidad democrática que llegó a alcanzar después del intento de golpe de estado del 2002. Es por eso que hoy se suman y suman voces que señalan que el gobierno ya no es democrático sino dictatorial. En breve: el oficialismo ha perdido una parte del capital popular y democrático que le dio origen. Le queda, por cierto, un tercer mega-tema, uno que ha sido, por así decirlo, su marca de fábrica: el nacionalismo.

Pero aún en la agitación del tema nacionalista es posible detectar retrocesos que, bajo condiciones normales deberán hacerse presente en los escrutinios de septiembre. Por cierto, la prédica nacionalista -propia a la impronta militar del régimen- sigue activa, pero en un escenario que ya no es el mismo de hace algunos años. Para precisar hay que tomar en cuenta que el nacionalismo, para que bien funcione, requiere de enemigos “anti-nacionales” muy bien configurados. Fue así que Chávez logró construir un esquema de acuerdo al cual “los enemigos de la nación” eran principalmente dos: los EEUU y la “oligarquía colombiana”. A partir de esa premisa, la oposición fue presentada como “una burguesía apátrida vendida al imperio”. Ahora, para que ese rudimentario esquema funcionara debía ser personificado. Así, Bush y Uribe fueron convertidos, de acuerdo al imaginario chavista, en los enemigos principales de la nación. Levantar a Bush como enemigo era, por lo demás, muy fácil: Bush llegó a ser uno de los gobernantes menos populares del mundo. Con Uribe era más difícil pero, por lo menos entre los chavistas más adictos, también lo consiguió. Hoy, en cambio, en lugar de Bush está Obama, uno de los pocos gobernantes norteamericanos que ha logrado ser popular en América Latina. Y en lugar de Uribe está Santos con quien Chávez acaba de dar “vuelta a la página” en Santa Marta. A través de esa “vuelta de página” a Chávez no le queda más alternativa que aparecer como el representante de la paz y, convengamos, ese no es el papel que más le sienta. Así, sin enemigo personificado, la agitación nacionalista no es más que prédica abstracta que ya no puede desatar las pasiones que Chávez logró concitar en el pasado. El cuadro nacionalista se ve aún más deteriorado si consideramos, por otra parte, que la oposición también está en condiciones de agitar banderas nacionalistas en contra, esta vez, de la ocupación cubana del ejército venezolano y de la ocupación territorial de las FARC en los límites colombo-venezolanos.


3
Analizando la formación sintáxica del discurso chavista, es posible afirmar que ese discurso se encuentra muy gastado, lo que por lo demás es lógico: cuando llegó al gobierno el chavismo tenía mucho futuro y ningún pasado. Hoy tiene mucho pasado y cada vez menos futuro. Ha perdido consistencia social, no ha logrado mantener su legitimidad democrática y la carta nacionalista ya no puede ser usada con eficacia. ¿Son razones para que el anti-chavismo cante anticipadamente victoria? No. De ningún modo.

Las tres razones mencionadas deberían llevar a la derrota a cualquier gobierno normal en cualquier país normal. Pero ni de lo uno ni de lo otro estamos hablando aquí. Hay que tener en cuenta que el chavismo es un proyecto de toma del poder total, no sólo de los poderes públicos, que ya los posee, sino del conjunto de la sociedad y que, por lo mismo, dispone de mecanismos destinados a asegurar ese objetivo. De esos mecanismos hay por lo menos tres que le son muy propios. Ellos son: 1) El control absoluto del Estado (sobre todo ejército y policía) 2) Un líder mítico y 3) un Partido-Estado.

El control del Estado por un gobierno es una ventaja enorme en las luchas electorales. Más todavía si el gobierno da a las elecciones un sentido militar, a saber: una batalla que hay que ganar en una guerra total. Así, el gobierno está en condiciones de invertir sumas inmensas en campañas electorales. Más todavía, puede movilizar comandos y batallones electorales con el objetivo de intimidar a los más indecisos. De acuerdo a esa estrategia, lo que no se consigue con argumentos puede conseguirse por medio del terror callejero. Y para que nadie se engañe, Chávez ha lanzado ya la consigna de “demoler a la oposición”. Si las huestes menos políticas del chavismo –y son muchas- entienden el verbo “demoler” en sentido literal, sabremos por lo menos quien fue el autor intelectual de actos de violencia para-militar que, dicho con cierta seguridad, acompañarán a estas elecciones.

El liderazgo de Chávez está dirigido a los sectores políticamente (aunque no económicamente) más atrasados de la nación, sectores para los cuales Chávez no sólo es un representante de intereses sino de símbolos y visiones apocalípticas anidadas en las profundidades más recónditas del inconsciente colectivo. En cierto modo el liderazgo de Chávez, menos que socioeconómico y más que ideológico, es pseudo-religioso (basta recordar las ceremonias de ultratumba practicadas por el líder) Eso quiere decir que Chávez cuenta con un sector de la población cuyas motivaciones no son lógicas sino míticas. Es por eso que el mensaje chavista nunca ha calado en los estratos más educados y cultos de la sociedad. Pero sí, y con mucha fuerza, en un universo marginal, semirural y rural, dispuesto a seguir a cualquier mesías iluminado que ofrezca una utopía vindicatoria, un más allá redencionista y un futuro promisorio. Eso quiere decir que, aunque el gobierno chavista sea un desastre –y lo es- aunque la economía se venga abajo – y se viene- aunque la inflación suba a los cielos- y sube- aunque la corrupción aumente- y aumenta- ese sector de la sociedad seguirá siendo chavista hasta el fin de sus días. En fin, el chavismo cuenta con un capital socio-cultural constante y con un capital socio-económico variable. El detalle es que el primer capital no es muy pequeño. Y, a juzgar por los resultados electorales del pasado, parece ser más grande que el segundo.

El problema para Chávez es que en las parlamentarias el candidato no será Chávez. De ahí que, como siempre, el presidente se apresta a dar a las elecciones un carácter plebiscitario. Por eso es muy importante que sus candidatos vistan, actúen y hablen como Chávez. Un ejército de chavecitos uniformados destinados a repetir “la voz del amo” a través de campos y ciudades. Ellos no hablarán por su boca; ellos serán las bocas de Chávez. Si ese proyecto resulta, está por verse. Eso depende en gran parte si los candidatos de la oposición no se dejan ganar las calles. En cualquier caso, si estos últimos se equivocan, se equivocarán ellos mismos. Pero si Chávez se equivoca, se equivocarán todos sus candidatos; y a la vez.

En tercer lugar, y tal vez el más importante, es que el chavismo cuenta con un partido único de Estado, el PSUV, el que no es un partido en el sentido político del término. Para decirlo así: el PSUV es antes que nada la representación política del Estado en el interior de la sociedad venezolana, o lo que es parecido: es la prolongación del Estado hacia “abajo”. Es, en fin, un partido totalitario de un proyecto totalitario en un país no totalitario. Sus antecesores históricos son los Partidos-Estados de los países comunistas y en América Latina su predecesor más conocido es el PRI mexicano. Debido a esa razón, la adhesión al PSUV no sólo es ideológica o emocional, como es la que existe en los partidos políticos normales.

Para ser más precisos: el PSUV agrupa en su interior a dos contingentes: el burocrático y el militar. Esa es la diferencia con el PC cubano que no es más que una rama civil del Ejército. Dicho en el propio lenguaje marxista: el PSUV es un aparato ideológico y represivo de la maquinaria del Estado, un instrumento de la clase estatal dominante en el Estado más hipertrofiado de todo el continente. Debido a esas razones, quien quiera escalar posiciones administrativas, militares o policiales, debe ser del PSUV. Quien quiera tener acceso a bienes, o ascender social o profesionalmente, debe ser del PSUV. Quien quiera recibir beneficios de misiones y otras prebendas, debe ser del PSUV.

Está casi de más decir que en tiempos de elecciones el PSUV se transforma en una formidable máquina de agitación, represión y propaganda cuyo objetivo es, como dice su líder, demoler a la oposición. La oposición, por su lado, no cuenta con nada parecido. Es por eso que cada elección en Venezuela es una lucha extremadamente desigual y, por lo mismo, dudosamente democrática. Luego, lo que debe asombrar no es que el PSUV obtenga victorias electorales sino que, a pesar de la existencia de esa maquina de moler que es el PSUV, la oposición siga todavía, después de 12 años, en pie de lucha.

4.
Pero si el PSUV no es un partido, la Unidad Democrática tampoco lo es.
La MUD (Mesa de la Unidad Democrática, por sus siglas) es un frente electoral constituido por muchos partidos, organizaciones e iniciativas civiles. En cierto modo, la MUD es un organismo electoral de defensa que se ha dado la democracia venezolana para detener el avance del Estado en su forma chavista. En ese sentido defensivo la MUD puede ser comparada con los Frentes Populares surgidos en Europa a mediados de los años treinta del pasado siglo, frentes que se formaron para luchar en contra de un enemigo común (en ese tiempo: el fascismo) y que en su propuesta defensiva alcanzaron ciertos triunfos electorales antes de que Stalin ordenara a los partidos comunistas dividirlos para transformarlos en frentes ofensivos (lo que tanto militar como políticamente era un absurdo) En los Frentes Populares europeos –de ahí el símil- cabían todas las tendencias y agrupaciones posibles, desde los comunistas más radicales hasta conservadores e incluso monarquistas, siempre y cuando estuviesen dispuestos a oponerse al avance del enemigo común. Eso explica porque los Frentes Populares carecían de una visión de futuro, que es, por cierto, la principal crítica que hacen los chavistas a la UD.

Es un contrasentido exigir que la MUD tenga una ideología común. Mucho más es exigir que elabore un paradigma hacia el futuro. Porque la UD no es más que lo que es: una unidad de coordinación cuyo objetivo es construir un dique electoral que detenga el avance del estado chavista. La UD, lejos de ser un bloque monolítico como el PSUV, acoge en su seno una amplia gama de tendencias socio-demócratas, demócratas y liberales, incluso tendencias religiosas, y por supuesto, también a una derecha poco significativa que ha debido doblegarse a una hegemonía que más bien tiende a la centro-izquierda (a juzgar por el número y peso de los partidos políticos principales).

Muchas son las críticas que se han hecho a la UD, y algunas parecen ser correctas. Que hay una excesiva representación de figuras del pasado político pre-chavista, es cierto. Que no hay una renovación generacional relevante, es cierto. Que algunos de sus personeros siguen laborando con los mismos métodos y usando la misma retórica de la (mal llamada) “Cuarta República”, es cierto. Que todos los candidatos deberían haber sido elegidos en primarias, es - quizás- cierto. Pero más allá de todas esas certidumbres es imposible negar que por primera vez el Partido de Estado enfrenta a un bloque electoral unitario, un bloque pluri-deológico, pluri-social y democrático, que eso es la UD. La UD, en fin, representa un enorme avance cualitativo en la historia de las luchas democráticas de Venezuela. Si podrá transformarse en uno cuantitativo, eso está por verse el 26 de Septiembre del 2010.

Las elecciones de Septiembre portan consigo otra gran novedad sintáxica. Por primera vez una fracción política desprendida del chavismo originario, aquella surgida de la ruptura del popular gobernador del estado Lara (Falcón) con el gobierno, fracción a la que dio acogida PPT, levanta una alternativa independiente a la de la oposición tradicional. La intervención electoral de PPT puede, en ese sentido, marcar un punto de inflexión muy importante en el curso político del país.

El PPT ha hecho una lectura muy original de la sintaxis electoral venezolana. O dicho en términos más usuales: ha realizado un buen análisis del mercado electoral. El PPT apunta, efectivamente, a recaudar su capital votante en dos direcciones donde existe una fuerte demanda y una débil oferta. Una es la de los indecisos quienes no siguen al gobierno pero tampoco a la oposición a la que ven – a veces con buenas razones- como portadora de ese pasado que hizo posible que Chávez llegara al poder. La otra dirección apunta hacia el chavismo descontento, es decir, aquellos que disconformes con el curso totalitario que asume el gobierno ven, o creen ver en PPT, el renacimiento del espíritu originario de la revolución bolivariana. Si PTT puede servir de punto de atracción hacia el campo de los indecisos o de catalizador del chavismo potencialmente disidente, está por verse. En cualquiera de esos casos, va a quitar más votos al chavismo que a la oposición. Y llegada la hora de los recuentos puede ser el PPT un factor decisivo en la conformación de una mayoría anti-chavista, lo que no debe traducirse en una mayoría de parlamentarios. No hay que olvidar que el chavismo (no siempre tan anti- imperialista) al conformar los distritos electorales copió elementos arcaicos del sistema electoral norteamericano, los mismos que hicieron posible que el año 2000 Bush hubiera sido elegido presidente sin contar con la mayoría de los votos a nivel nacional. En breve: PPT se encuentra situado en una excelente posición estratégica. Ha tenido al mismo tiempo el talento para levantar -en un país políticamente dividido, pero tal vez cansado de estarlo- una política de reconciliación nacional que puede tener relativo éxito entre algunas capas de la ciudadanía. Además, hay que decirlo, tiene una u otra candidatura muy interesante.

El 26 de septiembre no será, por supuesto, el día del fin de la historia venezolana. Pero lo más probable es que a partir de ese día los frentes en contienda se verán obligados a realizar modificaciones muy importantes en la siempre inconclusa construcción de la sintaxis electoral de la nación.

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